lunes, 3 de marzo de 2008

«Las migajas del insomnio» -Viktor Gómez Ferrer




Para Laura y Arturo


Las migajas del desperdicio.
Ese fue el postre
a una media jornada de errancia
invisible por la ciudad sin casas.

Mejor estar despierto
cuando llegue la noche con sus sicarios.
Mejor estar en la alberca
despierto a base de frío y miedo.

Así son los siete lunes de la semana,
siempre empezando,
siempre a punto de medio comer,
con hambre
que ya solo sabe decirnos del ahora
y la invisibilidad.

¿Crees que esto es un poema?
Sabes que no.
Aquí ni se beben rimas, ni se comen
metáforas, ni se aliñan
tropos, metonimias, sinestesias.

El sol es sol, quema, no deja distinguir
relieves, ciega, asusta nubes.

El polvo es polvo, cubre la ropa vieja,
el plato vacío, la mirada en la pared
de barro.

El silencio es silencio, aguarda y tiembla:
nada bueno espera y sabe
que puede ser eterno.

4 comentarios:

Arturo Borra dijo...

Hago mío este poema, entre otras cuestiones, porque discute el confinamiento estético: reclama su verdad y en ese reclamo, en esa disputa acerca de qué es lo poético, abre nuestra herida.
No se trata, quizás, de cuestionar la retórica en general, porque todo acto enunciativo supone una dimensión retórica; pero quizás lo que aquí está en juego es el tipo de retórica eufemística que suele dominar en la poesía actual.
Mucho por debatir; quizás de eso se trate, en tiempos monopolizados por una "poesía de la experiencia" que destierra las experiencias traumáticas que nos circundan.
Un abrazo,
Arturo

Viktor Gómez dijo...

Arturo:

La poesía está al servicio del corazón, pero del corazón del otro, del corazón que regala, que apresado, grita, del corazón que busca, que extrañado, pregunta, no humilla, se acerca, no pisa, mira, no quema.

La experiencia valida es la que nos ayuda a comprender para adecuar lo justo a lo propio y lo compasivo a lo impropio. La experiencia de la poesía, que no la poesía de la experiencia, debe facilitar puentes de los oprimidos hacia los desahogados, de los perseguidos a los libres, de lo ricos a los humillados. Experiencia que no abra el corazón al mundo y se someta al bien del todo, es una experiencia fallida, una cancerígena rebeldía. Somos parte de la Tierra, de la humanidad. No el centro, ni la cúspide, sino un pequeño fragmento, frágil, (in)suficiente salvo por el amor y la cordura aplicados en relación con el pensamiento y las acciones cotidianas.

La poesía es una herramienta. El fin es la libertad, es decir, esa justicia bella de obrar coherentemente y no sufrir persecución, tortura o muerte por ello. La libertad que ansiaba D. Quijote y que gano en la derrota, cuando en las playas de Barcelona, vencido, no renuncia a su amada y acepta cualquier castigo menos renunciar a su amor verdadero.

La poesía utiliza sus recursos, pero no es "recursos", es la forma de un ser de palabras, palabras de honor y amor, de lealtad y compasión, de libertad y coraje.

Eso, que tan sanamente practicais Laura y tú, eso que tanto gusto de leeros.

Un abrazote

Tu Viktor

Viktor Gómez dijo...

Por cierto, se me olvidaba. En los dos años y pico que escribí en poesíapura, donde ya firmaba como Viktor Gómez "Valentinos" (el valenciano, que era como firmaba Ausias March en el S. XV) mi lema, que me acompañaba bajo el nombre en todos mis comentarios o poemas era prestado de calderon de la Barca:

"Tuve amor, tengo honor,
es todo cuanto se de mi"

Arturo Borra dijo...

Viktor, tus palabras exploran y es ahí donde podremos hallar (inventar) nuevas respuestas. Las necesitamos, para evitar un cierto tipo de repetición empobrecedora (y admito que hay una que no suprime la diferencia).

"...al servicio del corazón, pero del corazón del otro, del corazón que regala, que apresado, grita, del corazón que busca, que extrañado, pregunta, no humilla, se acerca, no pisa, mira, no quema".

Al servicio del otro, de aquellos que reconocemos en su singularidad. Eso mismo diría yo: hablamos no por otros sino para otros. Para aquellos que quizás ni siquiera pueden leernos, porque ¿qué hacemos con la poesía en un mundo donde dos tercios apenas si puede acceder siquiera a los materiales poéticos, y no digamos ya a ciertas claves de lectura...
Orfandad, la nuestra, pero que no renuncia a trazar puentes, a construir lianas que nos permitan abrir diálogos, que no exposiciones dogmáticas.


Ya la sigo con más tiempo. Gracias otra vez y un fuerte abrazo,

Arturo