domingo, 13 de abril de 2014

«una sombra debajo de la lengua»: poemas de Bernard Noël


es la verdad lo que necesito
B.N.


En ninguna parte

alguien no puso su mano en mi nuca

también la falta carece de rostro

está ahí solo como un tacto frío

un recuerdo de la soledad perfecta


TGV                 

la noche viene lenta y gris un virus en el aire

la mirada procura sentir su invasión

una humareda tres casas una raya de nieve

cómo ver la penetración de la imagen

su reflujo cuando las palabras la expulsan

pero nada y nada y nada un redondel de luz

algunas formas entrevistas en la velocidad

lengua barrida por la ventolera del tiempo

lo negro ha empapado ya todo el espacio

cada cosa reducida así a su humo

la soledad se extiende en la ventana






por qué siempre hendida la belleza

dorada de una boca que balbucea

la impronunciable contraseña

y no hay medio de quitarle ojo

mientras el amor se lastima







lluvia de espacio y la boca no sabe

si ahí mastica aire crudo o aliento

tú ocultas una sombra debajo de la len

gua le prendes fuego al tú el silen

cio canta entre las llamas un árbol

se cubre de ojos su madera declara

la guerra a la vista las palabras no

tienen ya su curso lames la huella de

sangre en el sexo de la mente ahí

está el fluido el ventoso cuchillo

que corta el verbo en la garganta




Bernard Noël, El resto del viaje y otros poemas, edición bilingüe de Miguel Casado y Olvido García Valdés, Abada, 2014, Madrid.

domingo, 2 de marzo de 2014

Presentación audiovisual del libro "Para trazar lo (im)posible" (Amargord, Madrid, 2013)






 
 

 
 
 
Colección Once
Amargord Ediciones
Madrid
2013
 

viernes, 21 de febrero de 2014

Recital poético solidario: "Acercando orillas", Jueves 27 de febrero, 19:00 hs, La Nau (Valencia)

 
 
 
 
Jueves 27 de Febrero
19:00 hs.
LA NAU, C/ Universitat 2
 
 
En el marco de la campaña solidaria “Yo dono” que tiene como fin recaudar fondos que permitan mejorar la ayuda a inmigrantes y refugiados en situación de especial vulnerabilidad, Accem Valencia invita a todos los interesados al recital poético solidario “Acercando orillas”.

Participarán poetas de distintos grupos de poesía que desarrollan su actividad en la ciudad de Valencia. 

Participantes:
1. Aldo Alcota
2. Mar Benegas
3. Arturo Borra
4. Guillermo Cano
5. Bibiana Collado
6. Elena Escribano
7. Jesús Ge
8. Laura Giordani
9. Víktor Gómez
10. Luïsa Lladó
11. Antonio Martínez
12. Vicent Nacher
13. María Peyró
14. Begonya Pozo
15. Sergio Pinto Briones
16. David Transhumante
 

sábado, 11 de enero de 2014

Poemas de Susana Thénon: "donde el aire se asfixia y el miedo es impune"



Fotografía de Susana Thénon


Aquí, ahora
 
Sé que en algún lugar
la alegría se desparrama
como el polen
y que hace tiempo
los hombres se yerguen
como jardines definitivos.
Pero yo vivo aquí y ahora,
donde todo es horrible
y tiene dientes
y viejas uñas petrificadas.
 
Aquí, ahora,
donde el aire
se asfixia
y el miedo es impune.
 
   
 
 
Mediator Dei
 
El contrabandista de los miedos antiguos,
el malabarista delirante en su balcón rojo
 (con pequeños pies oxidados),
baña las manos en el pecho de las nubes
y se cubre de azul para no ver sangre.

  
Uno 
 
Decirte
que yo soy 1 más
dentro del NO mundo.

Decirte
idiomas con espinas bajo las uñas.
Decirte
nada
para tu algo casi nada.
 
 
Fotografía de Susana Thénon
 Nombres

En la desolación de mi sangre,
bajo la angustia que me enceguece
yo busco nombres para mi amor:
mi amor casi odio,
apenas sol.

  
 
Susana Thénon (Buenos Aires, Argentina, 1935-1991), poetisa, traductora y fotógrafa, fue contemporánea a Juana Bignozzi (1937) y Alejandra Pizarnik (1936-1972), aunque no forma parte de ningún grupo literario. Publicó junto a Alejandra Pizarnik la Revista Literaria “Agua Viva” (1960). Algunas de sus publicaciones literarias son Edad sin tregua (1958), Habitante de la nada (1959), De lugares extraños (1967), Distancias (1984), Ova completa (1987) y la obra póstuma La morada imposible (2001), con la edición a cargo de Ana María Barrenechea y María Negroni.
 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Un libro interminable: «De la poesía» de T.S. Norio

 
 


Hay textos que en vez de cerrarse sobre sí mismos no cesan de postergar su término: como hubiese dicho Lautremont, se trata de ese tipo de libros que amenazan con tragarse a quienes los escriben. De la poesía (Libros de la herida, España, 2012) es de esa extraña especie: un libro interminable sobre un archipiélago que se desplaza no bien se nombra. Y digo «nombrar» expresamente para no hablar de «definición». Porque la percepción que tenemos tras recorrer las más de 450 páginas que componen este volumen es que la referencia a la poesía no es una referencia a una realidad estable, bien delimitada, más o menos definible ni mucho menos definida, sino a un ser inapresable que sólo podemos nombrar a través de la multiplicidad de sus trazados.

De esa constatación parte T.S. Norio: la labor es inagotable y no hay posibilidad más que de internarse en una progresión al infinito. Se me perdonará, entonces, que por mi parte no pueda sino referirme fragmentariamente a un libro semejante. Porque a pesar de lo que pudiera sugerir el título -que evoca algunos tratados filosóficos antiguos- De la poesía no arraiga en una pretensión sistemática orientada a abarcar la totalidad de su objeto, sino al intento de capturar lo que se fuga aunque más no sea mediante pequeñas iluminaciones o un tejido de citas que abrigan lo inabarcable. En vez de un género lingüístico bien recortado, más o menos “exquisito y minoritario” (sic), la poesía se desborda por todas partes: antes que el tranquilo confinamiento en la institución artística, sus rastros aparecen en diversas prácticas sociales. El cortocircuito parece claro: el objeto “poesía” se hace poliédrico, radicalmente inestable. Sus funciones se hacen tanto más plurales, relacionadas a contextos político-culturales concretos y a juegos de lenguaje específicos: consuelo, juego, sabiduría, desafío, celebración, cuchillo, espejo, lupa, caricia, adorno, sueño, barricada, secreto, oración, denuncia, terapia, venda o catalejo, por mencionar sólo algunas de las funciones que contabiliza el propio Norio. 

En vez de una taxonomía clara, nos topamos con más niebla, indicios dispersos de un continente hundido. El tratado se convierte en una cartografía inconclusa, asediada por preguntas insistentes: ¿para qué la poesía, en nombre de quién, bajo qué formas y soportes, con qué usos? Y ¿qué es, ante todo, el poema en esas condiciones y cuáles son sus variantes y sus fronteras? Desde esas incertidumbres, De la poesía camina tras las huellas de una ausencia y no puede encontrar más que fragmentos a la deriva de un “poema infinito” perdido, como hubiera deseado Shelley. Al final, nos topamos –por usar la expresión del autor- con el mismo “animal asfixiado”, indomesticable, del ser de lo poético.

La empresa se revela imposible y, sin embargo, no por ello se trata de renunciar a la recuperación de algunos retazos del murmullo ininterrumpido de discursos que aluden, de forma más o menos oblicua, a la poesía como práctica comunitaria. No importa si esos discursos fueron formulados con otros fines; la apuesta de De la poesía quizás no sea otra que mostrar, mediante un desplazamiento incesante, la ubicuidad y universalidad de la experiencia poética: en la Amazonia o Etiopía, Mali o Afganistán, Sumatra o Mongolia, Siberia o India, China o Fidji, Kenia o México, Tanzania o Alaska, en cualquier parte donde brilla la añoranza, lo poético late, marca lo más recóndito de lo humano: como canto de guerra, invocación de los muertos, encarnación de la voz de dios, cura de los animales enfermos, forma de la desgracia o celebración del instante. Como recuerda Norio a través de una cita de Jean Cocteau: “Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué” (De la poesía, p. 23). En esa tensión entre lo que sabemos y lo que desconocemos se mueve De la poesía, como toda investigación valiosa que no se contenta con repetir dogmas aprendidos. No es de extrañar, en este marco, la recuperación de una perspectiva antropológica, entre otras: incluso en aquellas sociedades consideradas como radicalmente distintas y distantes, la poesía tiene valor vital.

Pero De la poesía no es tanto un abrirse paso al Otro como una aproximación a lo otro que es la poesía, como creación colectiva, anónima, patrimonio de nadie que da cuenta de lo incomprensible que, a pesar de todo, somos capaces de sentir. Porque si algo persiste en este trayecto es la doble convicción de que nunca llegaremos al final y de que no podemos, sin embargo, dejar de intentarlo. La poesía como enigma es, precisamente, aquello que resquebraja toda fórmula de la Estética como filosofía del arte: aquí o allá, lo poético irrumpe en rituales tribales, en las invocaciones religiosas, en los conjuros mágicos, el aliento de los guerreros, las danzas premonitorias, las ceremonias de la soledad, el cortejo de los amantes, los cantos hímnicos o la palabra clandestina que se rebela contra los poderes hegemónicos. Más que objeto recortado, entonces, experiencia de melodías desconocidas donde las fronteras se hacen por momentos indiscernibles. Para recuperar una cita de Rilke, tal vez el sentido de la poesía sea “Transmitir el misterio sin conocerlo, como una carta sellada” (De la poesía, p. 85).

En la lectura de este apasionado libro de lecturas no podemos sino ahondar en el asombro. De la poesía es testimonio colectivo de ese fantasma de lo poético que recorre el mundo, atraviesa culturas y siglos, adquiere formas inéditas, rebasa la página escrita, introduce una ventana al caos de lo imaginario, allí donde la lógica totalitaria quiere el cierre simbólico, la univocidad final del orden. La misma titularidad del texto se bifurca: Norio apenas aparece como una voz entrelazada a muchas otras, buscando quizás junto a ellas la salida que el poema promete. Su labor sigue siendo inocultable: ante todo, seleccionar y organizar un flujo de fragmentos que son co-titulares de esta exploración en lo desconocido.

En ese espacio no cabe la imposible sistematicidad. Siempre el tejido se corta en alguna parte, tiene agujeros, excluye otros nudos y autores[i]. Como toda interrogación radical, De la poesía queda suspendido en el aire. Abre preguntas que no cesan de insistir. Del mismo modo que la poesía no puede autodefinirse, tampoco la historia, la estética o la etnología alcanzan para responder. Como un poema inacabado no puede concluir –y quizás por ello anticipa nuevas trazas. La trama de citas podría extenderse; la erudición hacerse más vasta. Y, sin embargo, nuestro desconocimiento permanece, porque en última instancia, la reflexión sobre lo poético es también la del ser humano como sujeto del lenguaje, ese animal herido que fabrica mundos simbólicos para respirar. Somos ahí, en ese furor y temblor, en la copertenencia de lenguaje y poesía, pero también en la nada como sonido cósmico que hace bailar al ritmo maternal de la poesía como música. Lenguaje estructurante, esencial, entonces, el de la poesía: no porque no cambie en el tiempo, sino porque no podríamos prescindir de él como no sea prescindiendo de una parte de nosotros mismos, de nuestro ser de palabra. 

De todos los méritos de este libro no es menor el de contribuir a desmontar respuestas demasiado uniformes y generales acerca de lo que significa «poesía». Mediante el registro de usos poéticos diversos, Norio nos ayuda a reconstruir nuestros interrogantes. Y aunque mucho habría que decir sobre los hallazgos específicos que nos llevamos tras este recorrido, quizás su mayor valor sea mantener las preguntas abiertas. ¿No es eso lo que más necesitamos, en una época de clausuras dogmáticas, incluso en el campo poético?

 
Arturo Borra
* Texto de presentación a De la poesía, en Librería Primado, 12/12/2013.




[i] Al respecto, sería interesante reconstruir las pautas de selección de las citas y autores. En particular, sería importante preguntar por la tangencialidad de las referencias filosóficas o la teoría literaria que, en principio, suponemos más pertinentes. No deja de ser llamativo que a la par de esta exclusión tendencial, Norio extracta citas de textos que, en primera instancia, no tienen la poesía como objeto de conocimiento. Para resumirlo en una pregunta: ¿cuáles son los criterios de pertinencia que estructuran el trabajo de recorte de De la poesía?

domingo, 1 de diciembre de 2013

La magia poética de Theo Jansen: «Strandeest Evolution»



Desde hace quince años, el holandés Theo Jansen se ha dedicado en cuerpo y alma a crear una nueva forma de vida. Sus "Strandbeest" (bestias de la playa) parecen tan orgánicas que desde lejos se confundirían con inmensos insectos o esqueletos de mamuts prehistóricos, pero están hechas a partir de materiales de la era industrial: tubos de plástico flexible, cinta adhesiva. Nacen dentro de un ordenador en forma de algoritmo, pero no requieren motores, sensores o ninguna clase de tecnología avanzada para cobrar vida. Se mueven gracias a la fuerza del viento y a la arena mojada que encuentran en su hábitat de la costa holandesa.
              
Desde su laboratorio de Ypenburg, Jansen estudia la historia de la evolución biológica para dotar a sus nuevas generaciones de criaturas de capacidades cada vez mayores. Su sueño es que algún día aprendan a evolucionar sin su intervención y continuen sus vidas como cualquier otro organismo, sometidas a los ciclos de la naturaleza.
 
Todos los que observan por primera vez la belleza de una de las criaturas de Theo Jansen desplazándose sobre la arena entienden de inmediato que el trabajo de este ingeniero, científico y artista es algo especial. Sin embargo, durante más de una década ha permanecido en la oscuridad y sólo recientemente ha sido descubierto por la comunidad artística internacional. En la pasada década deslumbrada por la revolución digital, su obra podía parecer rudimentaria, sobre todo en comparación con la sofisticada producción que estaban realizando sus coetáneos en el campo del arte robótico. Hoy, en la era en que la convivencia entre la técnica y la naturaleza en pos de la sostenibilidad es una prioridad urgente, sus estrategias de diseño resultan más relevantes que nunca.
 
Las criaturas de Jansen comienzan su gestación como una simulación dentro de un ordenador, en forma de organismos de vida artificial que compiten entre sí por ser el más veloz. Jansen estudia las criaturas vencedoras y las reconstruye tridimensionalmente con tubos flexibles y ligeros, hilos de nylon y cinta adhesiva. Aquellas que se desplazan más eficazmente donarán su "ADN" (la longitud y disposición de los tubos que forman sus partes móviles) a las siguientes generaciones de Standbeest. A través de este proceso de hibridación y evolución darwiniana, las criaturas se vuelven cada vez más capaces de habitar su entorno, y pueden incluso tomar decisiones para asegurar su supervivencia; el "Animaris Sabulosa", por ejemplo, hunde su nariz en la arena para anclarse si detecta que el viento es demasiado fuerte para permanecer en pie.
 
Jansen trabaja ya en la séptima generación de criaturas de la playa. Sus últimas piezas pueden incluso transportar pasajeros en su interior -el "Animaris Rhinozeros", un gigante de dos toneladas de peso que puede ser movido por sólo una persona- y llegar hasta donde no haya viento ni arena, gracias a un ingenioso sistema de impulsión basado en aire comprimido almacenado en botellas de refrescos.
 
En el futuro, el artista holandés prevee que sus creaciones se volverán cada vez más sofisticadas anatómicamente: desarrollarán músculos, un sistema nervioso, y algún tipo de cerebro que les permita tomar decisiones complejas. Y un día, anhela, las criaturas de la playa no le necesitarán para seguir evolucionando. Manadas completas en las playas competirán por ser las más veloces y estables, y transmitirán de manera autónoma su ADN a las siguientes generaciones, integradas ya por completo en su ecosistema.
 
Tras abandonar sus estudios de física, Theo Jansen empezó su carrera artística en los 70 como pintor. Posteriormente se comenzó a interesar por áreas como la aeronáutica y la robótica. Su "UFO" (OVNI), una aeronave con forma de platillo volante con la que aterrorizaba a los habitantes de la ciudad holandesa de Delft, y su "máquina de pintar", un robot que traza graffitis sobre una pared, mostraron su habilidad para aplicar sus conocimientos de ingeniería a diferentes proyectos artísticos. A comienzos de los 80, Jansen comenzó a crear programas de simulación algorítimica de vida artificial. Su interés por diseñar organismos vivos y autónomos a través de software le lleva a iniciar su serie de esculturas cinéticas "Strandbeest", el proyecto que le ha proporcionado un reconocimiento a nivel internacional. Entre otros galardones, Jansen ha recibido el premio especial del jurado en Ars Electronica 2005.
 
Texto originalmente publicado en el catálogo de ArtFutura 2005.
 





 
 
Más información aquí.