lunes, 19 de enero de 2015

«Hemos llegado al hogar» -un poema de Lenrie Peters



















Hemos llegado al hogar
desde la guerra sin sangre
con el corazón abatido,
nuestras botas llenas de orgullo
de la verdadera matanza del alma,
y nos hemos preguntado
“¿Cuánto cuesta
ser querido y después abandonado?”

Hemos llegado al hogar
y traído la promesa
escrita en colores de arco iris
a través del cielo – para enterrar,
pero no es el momento
de colocar coronas
por los crímenes de ayer.
La noche amenaza,
el tiempo se disuelve,
y nada conocemos
del mañana.
Los tambores borboteantes
a la estrella hacen eco.
El bosque aúlla
y entre los árboles
el oscuro sol aparece.

Hemos llegado al hogar
cuando vacila la aurora
cantando canciones de otras tierras,
la Marcha Fúnebre
que nos viola los oídos,
sabiendo que toda nuestra tradición y nuestras lágrimas
se juegan al cara o cruz de una moneda.

Hemos llegado al hogar
al pie de las verdes colinas
a beber el grito cálido
y suave del canto de los pájaros.
A las playas ardientes
donde los botes salen al mar
a desgranar la cosecha del océano
y las tenaces gaviotas se hunden
y deslizan volcando besos sobre las olas.
Hemos llegado al hogar
donde a través del relámpago
y la lluvia atronadora,
la peste, la sequía,
el espíritu empapado
se demora en el camino arenoso
sosteniendo los torturados restos
de la carne,
ese espíritu que no pide
al mundo favor alguno
sino la dignidad.






Lenrie Peters nació en Bathurst (en ese entonces colonia británica), ahora Banjul, Gambia, el 1 de septiembre de 1932. Poeta, narrador, editor, médico cirujano y cantante de óperas. A los diez años trabajó como corrector de pruebas de un periódico editado por su padre, que en esa misma época le leía poetas grecolatinos. Autor de los libros de poemas: Katchikali; Satellites; y Collected poems y de la novela The Second Round, 1965. Todas sus obras fueron publicadas por Heinemann, en Londres, en la colección «African writers series». En Inglaterra realizó estudios de Ciencias Naturales y fue presidente de la Unión de Estudiantes Africanos. Se desempeñó como editor de uno de los primeros diarios gambianos, The Gambia Echo. Como Wole Soyinka, Chinua Achebe y otros, pertenece a la primera generación de escritores del África Occidental anglófona en ser reconocidos como tales, y en ser publicados en el exterior. Es un entusiasta defensor del panafricanismo. Poeta cosmopolita, sus densamente comprimidas estructuras estróficas se acomodan al espectro universal de la experiencia humana: envejecimiento y muerte, los riesgos del amor, la soledad del exilio. En su libro Satellites, 1967, el desapasionamiento del poeta doctor se constituye en una metáfora para el enraizado y doloroso aislamiento existencial, su escalpelo penetrando «el doloroso y caótico borde de las cosas». Aunque se enfurece ante la frustración del subdesarrollo africano, reflexiona sobre ciegos y enfermizos modelos de «progreso» que no presentan una continuidad con el pasado y destruyen más de lo que preservan. En su única novela, The Second Round, un físico entrenado en Gran Bretaña y víctima de la llamada «masacre del alma» traída por la occidentalización, retorna a la capital de su tierra natal lleno de «nobles ideas acerca del progreso de África» pero termina tomando un puesto en un remoto hospital selvático, y por ende arraigando en la experiencia tradicional. Lenrie Peters fue invitado a participar en el XIX Festival Internacional de Poesía de Medellín y murió una semana antes de la inauguración del evento.

Extraído de aquí.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

"el saludo con la oscuridad" - un poema de Paul Celan






















El huésped
Bien antes de la tarde
hace tránsito en tu casa quien ha cambiado el saludo con la oscuridad.
Bien antes del día
despierta
y enciende un sueño antes de irse,
un sueño resonante de pasos:
lo oyes recorrer las lejanías
y arrojas tu alma hacia allí.

Paul Celan

sábado, 6 de diciembre de 2014

«también la posibilidad de errar» -dos poemas inéditos de Julieta Valero



 
 
PREVIO AL SOL



#spanishevolution


Desnudas de cintura para abajo, las jóvenes parejas aguardan en el patio a que el último se decida a salir. Quieren hablar del lugar de la vergüenza, sin duda la inmovilidad. Pero es que tras acotarla, madre, tras tirotear sus paredes, escribir una ópera a su costa, llegaron correos casi niños sobre caballos reventados: en sus manitas, ciertas razones comunales parecían cascabelear.

Qué del movimiento ahora, ese de nuestros saltos a piscinas bajo pérgolas amarillo juventud, amarillo indetectable desgracia: en tus narices doctoradas se produce un saqueo temporal y tú ni te enteras o bebes para tropezar delgadamente a la salida de tugurios en madrugada.


Trémulos de cintura para abajo, funcionarios de la fecundidad, vemos por el canal permanente a todos esos chicos del Sur. Han descubierto que una multitud tiene su centro en cada una de las partes. Colibrí inmune a las técnicas de interrogación.

Con plural de frío, vamos haciendo pan y vamos haciendo crítica: récord de paz sin enmiendas pero demasiados años de lactancia, demasiada oralidad. La mala encrucijada metida en el hojaldre de esta suerte histórica. Hemos santificado la siesta, sí, pero ahora nuestros deseos se adelantan veinte décadas a la moral de quienes venían a arroparnos. 


Sácate la escaramuza de la boca y piensa en formas del sonido que trasciendan la representación. Más arriba, digamos que en los fiordos del Mediterráneo, miles de hombres se afeitan sin apenas luz y añoran el mar. Andan demostrándose, demostrándonos, fabriles de sí.


La ministra de Trabajo llora al anunciar las nuevas medidas; en otro costado de la fontana barroca, el rostro del presidente se pone extrajudicial y legendario “Sí, lo hemos ejecutado; quien piense que no lo merecía es que tiene un problema mental”. 


En red las instrucciones; también la posibilidad de errar. Unas monedas por tu espalda. Un FIN.

 

 
 
 
NUEVA MINERÍA


Por la ahora ventana del mundo no corre el aire sino la liebre de los datos que te atraviesa el pecho porque es innumerable y afortunadamente aún hay cáñamo y vacío en ese corazón.

Una peseta de cónclave en torno a la aquiescencia. La tienen los valles con el reparto de sol y la siente el presidente (en el silencio) de quienes no salieron a la calle a protestar por la privatización del llanto y su hipo. Optimismo de la razón, delirio de la conciencia.

 
El cobre permanece ahí, dormido, pero la mina sigue siendo el hombre y ayer golpearán a cuantos se atrevan a rodear el Congreso.

Mayoría absoluta el mar, la muerte y las ecografías del porfín.
 

Se busca a los supervivientes de la feria capital: gustos sencillos, mente compleja.
 
 
 
De Que concierne, de próxima aparición en Vaso Roto.


domingo, 16 de noviembre de 2014

«los rumores del viento» - tres poemas de Mercedes Roffé

 

 
*
De un modo u otro
 
tras el alba
o
los rumores del viento
amanece
-diáfano
leve
pertinaz-
un sujeto y su verbo
 
 
X

construye
-con la desenvoltura de un
ilusionista-
arboledas de máscaras
y gemidos
 
áureas
fosforescencias
 
un tañido punzante
y cavernoso

elfos
inmolándose
en el tenaz chisporroteo
de un incendio
lento
y fantasmal
 
tiempo hacía
que una mano maestra
urdía en el vacío
la trama
de un miedo innominable


XVIII
 
ahhh, flor radiante
belleza radiante
vibración radiante
agua y temblor
escalofrío y piedra
 
ahhh mundo y río y sinrazón
millones de estrellas radiantes
noche oscura y radiante
millones de bocas-pétalos
radiantes nubes, peces, pájaros
árboles y selvas
nieve y rocío
torrente, abismo, fuego radiante
musical
 
oh refulgente
nada
numinosa
 
lumínico
pan nuestro



 
 

lunes, 20 de octubre de 2014

«No estoy solo»: un poema de Rainer María Rilke


L. Pasternak (1928)


No estoy solo

No estoy solo jamás.
Muchos de los que vivieron antes que yo
y de mí huyeron
construyeron,
construyeron lo que soy.
Y si me siento a tu lado
y suavemente te digo: sufro
¿me oyes?
Quién sabe quién
lo murmurará conmigo.

sábado, 4 de octubre de 2014

«A tientas por la casa» -cinco poemas de Noni Benegas

 
 
 
No hay equilibrio

No hay equilibrio. No lo hay en la mesa sobre la que se apoya y trastabilla. Todo es frágil y tal vez, portátil. Una se lleva de aquí para allá. Y se vuelve a traer, de allí para acá. Y eso, sin equilibrio, a punto de caer.

Eso que ve, escapa cuando se incorpora. Vertical, el sueño se desliza como una túnica de seda hasta los pies. Y algo que está abajo, invisible, lo absorbe. Entonces, se pone a vivir.

  
 
 
Inscripción

No debería dejarse
al arbitrio de lo fugaz
la frágil sustancia del poema

decidido
entre un borde peligroso
y su rescate.

 
De puro extrañamiento
De puro extrañamiento
tengo la herida;
de puro borborito
ensimismado
y atracón de pena
como anfetas,
pero más largo,
extenso, curvo,
un vuelo por allí,
ese horizonte que sube
y se disloca
y no parece haber
medida o límite,
y sube y se dispersa
y sube y vamos todos
arriba
subiendo
allá nomás.
 

 
 
Otra luz
a Paul Virilio

A tientas por la casa
con pasos de tiza,
con la luz de los sueños
tan pronto opaca o radiante.

 
¿Quién alumbra esa pantalla
en el cerebro a oscuras?
 
Como la piel se aja desde dentro
el misterio de ese fulgor persiste.
 
 
La foto final
La foto debajo de la foto
íntima
día tras día
preparando
la foto que importa.
La juventud recogida
con una pala.
La pala cava
invisible.
 
De El ángel de lo súbito, Noni Benegas, FCE, Madrid, 2014.

 
 

Cerrar de esa manera una antología —El ángel de lo súbito—, en la que a su autora —Noni Benegas— le va una parte sustancial de su vida —poética— es, por lo que tiene de cuestionamiento de sí misma, un gesto raro de valentía, de apertura.
(…)
No se trata de una simple selección de textos, es un poemario nuevo formado por textos ya conocidos. Es otra apuesta. Se podría decir —extrapolando un término utilizado por los estudios poscoloniales— que esta antología ensaya una “traslación” de su poesía: una recomposición de la identidad derivada del cambio de contexto.
(…)
La obra poética de Noni Benegas parece estar escrita de madrugada, ese momento favorable a la picnolepsia en el que —decía Virilio— “son frecuentes las ausencias”. La lectora, el lector, se encontrará con poemas titulados “Mañanas” o “Cuando amanece” y numerosos versos que sitúan la escritura en ese umbral del día y de la conciencia. Desde esa tierra de nadie el poema va tanteando los límites de su razón. Lo que distingue sueño de vigilia está delimitado por orillas de anchura cambiante.
 
(…)
Pese a que resulta innegable este desinterés, también lo es subrayar que en el debate en torno a la poesía escrita en España se ha producido cierto grado de reivindicación teórica de la extranjería en tanto paradigma poético, precisamente por lo que esta situación tiene de proclive a la singularidad respecto a lo canónico. Al menos en teoría, el exiliado/extranjero ofrece la posibilidad de una coincidencia plena con el lugar (en rigor, la carencia de lugar) que caracteriza a la poesía contemporánea en nuestras sociedades. En tanto, para decirlo con las palabras de Eduardo Milán, el problema más grave de la poesía contemporánea es “el reconocimiento de una no-territorialidad para el poema […] que convierte a todo gesto poético en un acto de nomadismo” y vuelve inevitable la figura del “poeta como errante”, la situación de los poetas literalmente desplazados es extraordinariamente significativa.23 Al escritor en exilio se le supone abocado a la originalidad, a un estado de no integración absoluta relacionado con cierta capacidad “contrapuntística” de percepción. Si su mirada tiene un referente doble, que contrasta un espacio de procedencia y otro de llegada, resultaría inevitable que surja cierta profundidad de visión que se manifiesta en un lenguaje respecto al cual tampoco cabe la relación ingenua y acomodaticia de los que no se han visto obligados a reconstruir en casa ajena las capacidades expresivas de su lengua natal.
(…)
Fragmentando la superficie incuestionable que otros discursos cementan, o sumiéndose por esa grieta en una quietud que permite ver más allá del movimiento, El ángel de lo súbito promete llevarnos a un lugar (poético, político, vital) en el que nos espera el aprendizaje de lo inesperado, el lugar del otro que cuestiona y ratifica nuestro lugar.

Benito del Pliego, extractos del prólogo: «“Ese vaivén”. Lectura fragmentaria de una antología esencial».
 

sábado, 20 de septiembre de 2014

«en los márgenes/ nuestra voz» - cuatro poemas de Enrique Cabezón

 
 
  
 
  


 
 
La escritura poética como contra-dicción
 
Desdecir de Enrique Cabezón es, ante todo, una apuesta poética radical: se propone investigar qué sobrevive a la tachadura. Como un palimpsesto (de sentido), nos desplaza a otra inscripción, condenada al pie de página. Lo visible –apenas unas palabras rescatadas- aparece como resto de una escritura sumergida: un trazado negro que hunde (parte de) lo dicho para dar lugar al nacimiento de otro poema. Un des-decir: avanzar contra, negando o reformulando lo dicho.

El poema, entonces, como batalla. Con la fuerza de la condensación que suplementa el texto inicial, como la base sumergida de un témpano que sostiene lo legible. En efecto -por retomar algunas reflexiones de Gamoneda-, el poema nace en la tachadura o, lo que es lo mismo, en el trabajo de la reescritura. Incluso el texto a pie de página ya es supresión/alteración de uno previo, ya desaparecido.

Puede que la mejor poesía sea posible por ese desdecir continuo, por esa resistencia a lo cristalizado. La escritura poética como contra-dicción: un discurso a contramano que arremete contra un sistema de reglas que ahogan el pulso.

Desdecir se mueve ahí. No por azar Enrique Cabezón retoma la «logofagia» de Miguel Ángel Ullán: permite ahondar, precisamente, en ese acto de borrado que no se limita al olvido sino que advierte de una desaparición, del discurso en los márgenes, de la contingencia de toda soberanía. Así, el tachado se convierte en una empresa política que destituye la idea misma de una Escritura final, plena, concluida de una vez por todas. Recuerda con Valery que los poemas no se terminan sino que se abandonan.

La imposibilidad de un término, sin embargo, no niega el deseo de un recomienzo. Sin temor a remover los escombros, en busca de lo decisivo, de aquello que cuenta y posibilita el cuestionamiento de los discursos heredados. ¿No es esa contra-dicción lo que, justamente, requerimos para rebelarnos ante un presente asfixiante?
 
Arturo Borra