domingo, 14 de mayo de 2017

«Poesía en exilio. En los límites de la comunicación», Arturo Borra





Poesía como exilio. En los límites de la comunicación constituye una exploración de determinadas escrituras poéticas contemporáneas como discursos en exilio,  estructurados sobre una distancia con respecto a las formas hegemónicas de comunicación. La cuestión, sin embargo, no se agota en unas  implicaciones  formales  y  supone una revisión radical del sentido del compromiso poético.
 

Una poesía en exilio replantea su vínculo con la sociedad de la que es producto, estableciendo una relación crítica con respecto a las interpretaciones más habituales sobre la realidad histórico-social. 
 

La regularidad de cierto exilio comunicacional interroga acerca de otro mundo posible y otras formas de convivencia humana, aun si ello exige desplazarse hasta los límites de lo indecible.




martes, 11 de abril de 2017

«la muerte expira en una blanca balsa de silencio» -un poema de Aimé Césaire


Es mío
un hombre solo preso de blancura
un hombre solo que desafía los gritos de la muerte
blanca
(TOUSSAINT,TOUSSAINT L'OUVERTURE)...
un hombre solo que fascina al gavilán blanco de la muerte
blanca
un hombre solo en la mar infecunda de la arena blanca
es un viejecito que se eleva contra las aguas
del cielo.
La muerte describe un círculo brillante encima de este hombre
la muerte brilla dulcemente sobre su cabeza
la muerte sopla en la caña madura de sus brazos
la muerte galopa en la prisión como un caballo blanco
la muerte luce en la sombra como los ojos de los gatos
la muerte hipa como el agua bajo las rocas
la muerte es un pájaro herido
la muerte decrece
la muerte vacila
la muerte es un paytura sombrío
la muerte expira en una blanca balsa de silencio.



Aimé Césaire, "Retorno al país natal" (1939)

martes, 7 de marzo de 2017

«el viento no se detiene en su alfabeto furioso» -un poema de Giovanni Collazos








Ilegal


Se le vio con su alimento encaje
                                                   hacía vientecito en sus fósiles ojos
alimento sobre una manta zapatillas labradas en roca
huellas corriendo atadas a la espalda como un castillo de nieve
no alcanza sueldo se interpone en el rostro
para más tarde enfangarse en cerveza
se le vio en el cruce fuego que mide sus rulos
por acumulación corre explota el retozo se agita sombra
                                                  entregarse dice
volver carnero coronado al desagüe
al lugar inexistencia con manzana
y boca hecatombe quebrantada economía
le impiden la ciudad su cama en el aliento
cauteriza el disparo sin porvenir transita
porque el ser bramido se desprende de su nombre
el viento no se detiene en su alfabeto furioso
de cada músculo que persigue migratorio en tranvía
minúsculo la gente lo observa
un pedazo de lumbre resguarda su cuerpo.


Giovanni Collazos

viernes, 10 de febrero de 2017

«la ciudad de los niños del frío» -dos poemas de Luz Pichel




ahora es el comienzo de las lluvias

agua todavía sin mástil
sin vasija ni dirección ni barco

botones
retales
briznas briznas briznas de ala de avispa
de jaboncillo de costurera

un movimiento hacia la luz
el aire desplazando una hoja de olivo
(un gromo de buxo)

hay algo vegetal en todo esto es
como si fueran a salvarse las frutas se acerca
una hilera de gorriones
transparentes

a la patinadora quién la ha visto
(quen a veu saltar)
delgadísima elástica libre
equivoca la música rompe
los ritmos di–
buja un difícil pentagrama de alambre
ese lío de abrazos
(ese arame ese debuxo esas apertas)
se equivoca se cae se alza
promete seguir viva
(hei danzar hei danzar hei danzar)

la ciudad de los niños del frío se despereza
(a cidade dos nenos do frío espreguízase)
se despereza

van abriendo los ojos
son cuerpecitos de color verde–agua

(non era doado vivir alá)
qué difícil dormir amar la tos los tenedores
no era fácil vivir entonces dentro del invierno allá

la helada ¿cuántos años duró?

y la gente
que cruza los parques con hambre hablando sola
dice
necesitan calor
necesitan un poco de calor
(todo o mundo precisa un chisco de calor)
dicen las distraídas de los autobuses





erradíos / errantes / correcaminos

salen a la noche deambulan
dulcitos rodeando aldeas
muy pequeñas
son
anciáns muy anciáns muy anciáns sin ganas de palabras
ni de flores encima
ni de arroz con leche
ni de ollas de barro llenas de collaritos de oro
para qué

su vocablo se hizo de una estrellada dificultade
a lo mejor ya aprendieron el son que dicen de las constelaciones
a lo mejor ya comprendieron la cruz del sur

agariman / aún dan algo / aínda / todavía y dan
una buena manollena de memoria
en su lenta manera de entramar varillitas de latón
oxidado
por cada año una
que hace
que se fueran

dejaron hijos hijas
dejaron casa casos cosas sen resolver
deseítos a medias
músculo pulmón
objetos en desorden
tejados rotos
ghallinería en pena

y una lingua menguante para el amparo
y la conservación
para el abrazo y la conversación
para que esa escalera tan antigua su espiral así subiendo no se esbarranque por el monte abajo
y hasta el río

colgar los nombres
aquí un adverbio allí
un balde en el rincón
una afirmación contra el olvido
la caída de los últimos sones
la vocal más abierta de las airas eiras eras
los finales de ellos cara adentro
tilde y punto
sus errados timbres erradíos
las ramas figurando así de un roble / carballo / quercus
duravidas
de fondísima raíz

 
De Luz Pichel, tra(n)sumancias (Ediciones La Palma, España, 2015)

miércoles, 18 de enero de 2017

«Detrás de las alambradas» -un poema de Paul Dakeyo



Dime
Qué triste desierto
nos sitia...
Ruido de pasos
Y ruido de armas
A lo largo de los días
A lo largo de las noches
Qué lágrimas nos arrullan
Qué sangre
Qué gritos
Detrás de las alambradas
A cada paso
Las botas
Sobre mi tierra
Dime
Cuántos niños muertos
En Soweto
Cuántos
Para enfrentar Johanesburgo
Y sus morgues
para enfrentar la tierra profunda
Y buscar la palabra
Y buscar los rostros
Y sólo encontrar pálidas sombras
Encontrar sólo la muerte
Porque esos niños eran negros
Como en Sharperville
El hombre salió de la noche
Con sus innumerables manos
Con cien mil ladrillos
Justo en la precisa alba
Que martillea el tiempo
Como un tañido fúnebre
Con la sangre las lágrimas
Los muchos niños del país
El llanto el llanto el llanto
En la noche del silencio
La noche amarga
Y el instante nominal del holocausto
El fuego la sangre
Por todas partes
En las calles de Soweto
Donde el horizonte
Se viste de duelo
Y siembra el odio
Y la rabia
Porque esos niños eran negros
Porque esos niños eran negros
Quiero que me den un fusil
Para armar mi dolor
Quiero que me den la palabra
La flor el amor infinito
Y sobretodo
Haz que no escuche más
El llanto de los niños de Soweto
Haz que mi queja brote
De todas las alturas
Del mundo
Lejos del inmenso río
Del silencio
Lejos de la noche
Y de la sangre



Paul Dakeyo

miércoles, 4 de enero de 2017

"Alimentar lo salvaje" -cuatro poemas de Daniela Camacho




: dientes de leche

I

Mientras el lobo se llena las fauces de leche, una flecha en el corazón de la cierva consuma su matrimonio con él.

La única prueba de esto es el quejido.

Un hilo de sangre ¾su calor¾ altera el sueño de la temerosa, la tocada, dicen sus padres. Al abrir los ojos, reconoce su mancha infantil en el pecho. De ahora en adelante, los objetos de costura, las tacitas de té la rechazarán para siempre.

Percute ahí. Aprende a aullar.

Al menor descuido, será tu pecho lo que amamante al mundo.
Tu olfato delimita el territorio de lo puro.

Por ahora, quedan los elementos del bosque, el combustible, la niebla. No. Queda la casa vacía, su trajecito de muerta, las fresas maduras.

Toca la cabeza del animal hasta que él te reconozca.
Haz que los árboles vuelvan en sí.
Al cuerpo que yace a tu lado,
será tu blancura lo que le dé el nacimiento.


No hay mamífera pequeña y profunda/que no intente alimentar lo salvaje.


















 II


 Hay un animal/ una hija grávida, llena de leche, llena de pájaros, percutiendo ahí, lejos de la manada.


Sabe moverse entre las sombras, pero ha traído consigo el ojo materno para ser vigilada. Ha traído consigo la aurora, el autismo y la fiebre, su coronita de flores.
 
Concede su cuerpo a los milagros del bosque: aun con los ojos cerrados, se puede ver una ninfa dorada, un caballo del diablo prendido a su pecho.


Criatura del miedo, ven a libar sobre el corazón de la cierva.
Haz el performance de ocultar sus ojos en blanco.

Hay un animal/ una composición invencible, una temperatura en el recién nacido que avanza hacia el desastre. Pequeño apetito. Percute ahí.
 
Muy pronto el bosque ya no podrá contenerlos. Los perseguirán el deseo y los ciclos de sangre. Se buscarán las manos poseídas por la velocidad de las libélulas y, para ellos mismos, serán inalcanzables.




CARTA DE LOS ARDIENTES [ella luce un collar hecho de nieve y besa al hombre suyo, amamantado por la lumbre de las copas]


Todo lo intercambiamos, devorándonos
Enrique Lihn


No se lo diremos a nadie. Jamás. Hay una ciudad detrás de la cortina, hay también un puerto. La nieve cubre ahora los tejados y las barcas. Hace cuatro noches que soñamos con serpientes: es la marea en esta galería de espejos, la prolongación del contoneo. A cierta hora, a cierta temperatura, algo en nuestros cuerpos se animala. Hemos aprendido a devorarnos sin estremecer a los que duermen. En otro país, en otra celda, a ras de suelo. Con la boca toda alcohol y desmontados, una nueva parada nupcial nos devuelve a los trabajos de la carne; cometemos, entonces, un crimen más hermoso. Bramar, decimos, languidecer. La sangre de los ciervos aún corre y nos mantiene tibios: no comprenderemos nunca el lenguaje del invierno, aun cuando la nieve, puntual en su caída, suspenda en nuestros ojos la violenta geometría de los palacios.


 A cambio, ataviados con la piel de los mamíferos, acercaremos a la costa la flama prometida por la luz de las antorchas.



: ritual de la desobediencia
 
Parto el peyote en dos para buscar mi estrella, mi niño dormido, los ojos de mi animal yéndose de un mundo a otro mundo.

Algo (podría ser un hombre cubierto de plumas) me habla con la voz de lo invisible. No me castiga. Posee el don de la memoria y la videncia, tiene dos cuerpos, dos soledades, una gramática para curar:

—Deja que un sol mental dore la piel de la mujer en ti y luego huye. Deja que tu gemela interior, tu propio diablo o culebra haga sangrar a la flecha. Cuando caiga la noche dormirás contra ti y cavarás un hoyo profundo en la arena.
 
[ALGO ESTÁ EN VÍAS DE APARECER]

Me quedaré siniestra y temblando a mitad de este desierto/ esperando la llegada de mi hombre/mujer verdadero.
 
[FUEGO]

El animal que adoramos está suspendido en su reino de flores. Su esqueleto será el instrumento que ordene la tierra. Ahora que estamos a oscuras, ha llegado la hora de ver.  


[LA PALABRA SE HACE POSIBLE]

 El hombre cubierto de plumas destruye una flor dentada en su pecho (canta) y de esa manera emborracha a las hembras, un viento les coge la mano para llevarlas al sueño y los ojos en blanco. Oyen al sembrador de semillas, lo siguen y rezan para embarazarse. Llevan su calavera embrujada, van cambiando de nombre a todos los cuerpos, confunden los aviones del cielo con aves grandiosas.

[LA HORA EN QUE LOS CIERVOS VAN A BEBER]

 Los despierta la sed y el humo de pájaros quemados por la sombra. A las cuatro de la madrugada, los hombres que se ahorcaron regresan al monte con mariposas de vidrio y estrellas dobladas que dejan flotando en el agua bendita. 


[EL SOL SURGE DE SU PLACENTA]

Hay una casa en el aire adonde van a estallar los tigres y los escorpiones. Su sangre vertical advierte el sacrificio. La música de fondo recuerda ciclos menstruales. Muy pronto habremos nacido dos veces, y seremos y no la leche derramada, la osamenta caliente del venado, la cruz de madera hecha polvo entre las ancas del caballo.

sábado, 12 de noviembre de 2016

"dueños de un desierto que avanza" -un poema de Tamara Kamenszain


Adónde van?
Me voy con ellos desciendo de mis hijos
hasta donde quieran llegar astros rodantes
si a la hora del nacimiento calcularon ascendiente...
no lo abandonen más.
Desde el Mar Negro hasta el Estrecho
se naturalizan conmigo de mí vienen
chicos de apellido descompuesto
viajando para ser argentinos
inmigrantes por vomitar en cubierta
dados vuelta nos vuelven a nosotros
como vinilo rayado de beatles
de Rusia para acá
y de aquí a la URSS que fue
dueños de un desierto que avanza
bisabuelos de la nada.