domingo, 16 de noviembre de 2014

«los rumores del viento» - tres poemas de Mercedes Roffé

 

 
*
De un modo u otro
 
tras el alba
o
los rumores del viento
amanece
-diáfano
leve
pertinaz-
un sujeto y su verbo
 
 
X

construye
-con la desenvoltura de un
ilusionista-
arboledas de máscaras
y gemidos
 
áureas
fosforescencias
 
un tañido punzante
y cavernoso

elfos
inmolándose
en el tenaz chisporroteo
de un incendio
lento
y fantasmal
 
tiempo hacía
que una mano maestra
urdía en el vacío
la trama
de un miedo innominable


XVIII
 
ahhh, flor radiante
belleza radiante
vibración radiante
agua y temblor
escalofrío y piedra
 
ahhh mundo y río y sinrazón
millones de estrellas radiantes
noche oscura y radiante
millones de bocas-pétalos
radiantes nubes, peces, pájaros
árboles y selvas
nieve y rocío
torrente, abismo, fuego radiante
musical
 
oh refulgente
nada
numinosa
 
lumínico
pan nuestro



 
 

lunes, 20 de octubre de 2014

«No estoy solo»: un poema de Rainer María Rilke


L. Pasternak (1928)


No estoy solo

No estoy solo jamás.
Muchos de los que vivieron antes que yo
y de mí huyeron
construyeron,
construyeron lo que soy.
Y si me siento a tu lado
y suavemente te digo: sufro
¿me oyes?
Quién sabe quién
lo murmurará conmigo.

sábado, 4 de octubre de 2014

«A tientas por la casa» -cinco poemas de Noni Benegas

 
 
 
No hay equilibrio

No hay equilibrio. No lo hay en la mesa sobre la que se apoya y trastabilla. Todo es frágil y tal vez, portátil. Una se lleva de aquí para allá. Y se vuelve a traer, de allí para acá. Y eso, sin equilibrio, a punto de caer.

Eso que ve, escapa cuando se incorpora. Vertical, el sueño se desliza como una túnica de seda hasta los pies. Y algo que está abajo, invisible, lo absorbe. Entonces, se pone a vivir.

  
 
 
Inscripción

No debería dejarse
al arbitrio de lo fugaz
la frágil sustancia del poema

decidido
entre un borde peligroso
y su rescate.

 
De puro extrañamiento
De puro extrañamiento
tengo la herida;
de puro borborito
ensimismado
y atracón de pena
como anfetas,
pero más largo,
extenso, curvo,
un vuelo por allí,
ese horizonte que sube
y se disloca
y no parece haber
medida o límite,
y sube y se dispersa
y sube y vamos todos
arriba
subiendo
allá nomás.
 

 
 
Otra luz
a Paul Virilio

A tientas por la casa
con pasos de tiza,
con la luz de los sueños
tan pronto opaca o radiante.

 
¿Quién alumbra esa pantalla
en el cerebro a oscuras?
 
Como la piel se aja desde dentro
el misterio de ese fulgor persiste.
 
 
La foto final
La foto debajo de la foto
íntima
día tras día
preparando
la foto que importa.
La juventud recogida
con una pala.
La pala cava
invisible.
 
De El ángel de lo súbito, Noni Benegas, FCE, Madrid, 2014.

 
 

Cerrar de esa manera una antología —El ángel de lo súbito—, en la que a su autora —Noni Benegas— le va una parte sustancial de su vida —poética— es, por lo que tiene de cuestionamiento de sí misma, un gesto raro de valentía, de apertura.
(…)
No se trata de una simple selección de textos, es un poemario nuevo formado por textos ya conocidos. Es otra apuesta. Se podría decir —extrapolando un término utilizado por los estudios poscoloniales— que esta antología ensaya una “traslación” de su poesía: una recomposición de la identidad derivada del cambio de contexto.
(…)
La obra poética de Noni Benegas parece estar escrita de madrugada, ese momento favorable a la picnolepsia en el que —decía Virilio— “son frecuentes las ausencias”. La lectora, el lector, se encontrará con poemas titulados “Mañanas” o “Cuando amanece” y numerosos versos que sitúan la escritura en ese umbral del día y de la conciencia. Desde esa tierra de nadie el poema va tanteando los límites de su razón. Lo que distingue sueño de vigilia está delimitado por orillas de anchura cambiante.
 
(…)
Pese a que resulta innegable este desinterés, también lo es subrayar que en el debate en torno a la poesía escrita en España se ha producido cierto grado de reivindicación teórica de la extranjería en tanto paradigma poético, precisamente por lo que esta situación tiene de proclive a la singularidad respecto a lo canónico. Al menos en teoría, el exiliado/extranjero ofrece la posibilidad de una coincidencia plena con el lugar (en rigor, la carencia de lugar) que caracteriza a la poesía contemporánea en nuestras sociedades. En tanto, para decirlo con las palabras de Eduardo Milán, el problema más grave de la poesía contemporánea es “el reconocimiento de una no-territorialidad para el poema […] que convierte a todo gesto poético en un acto de nomadismo” y vuelve inevitable la figura del “poeta como errante”, la situación de los poetas literalmente desplazados es extraordinariamente significativa.23 Al escritor en exilio se le supone abocado a la originalidad, a un estado de no integración absoluta relacionado con cierta capacidad “contrapuntística” de percepción. Si su mirada tiene un referente doble, que contrasta un espacio de procedencia y otro de llegada, resultaría inevitable que surja cierta profundidad de visión que se manifiesta en un lenguaje respecto al cual tampoco cabe la relación ingenua y acomodaticia de los que no se han visto obligados a reconstruir en casa ajena las capacidades expresivas de su lengua natal.
(…)
Fragmentando la superficie incuestionable que otros discursos cementan, o sumiéndose por esa grieta en una quietud que permite ver más allá del movimiento, El ángel de lo súbito promete llevarnos a un lugar (poético, político, vital) en el que nos espera el aprendizaje de lo inesperado, el lugar del otro que cuestiona y ratifica nuestro lugar.

Benito del Pliego, extractos del prólogo: «“Ese vaivén”. Lectura fragmentaria de una antología esencial».
 

sábado, 20 de septiembre de 2014

«en los márgenes/ nuestra voz» - cuatro poemas de Enrique Cabezón

 
 
  
 
  


 
 
La escritura poética como contra-dicción
 
Desdecir de Enrique Cabezón es, ante todo, una apuesta poética radical: se propone investigar qué sobrevive a la tachadura. Como un palimpsesto (de sentido), nos desplaza a otra inscripción, condenada al pie de página. Lo visible –apenas unas palabras rescatadas- aparece como resto de una escritura sumergida: un trazado negro que hunde (parte de) lo dicho para dar lugar al nacimiento de otro poema. Un des-decir: avanzar contra, negando o reformulando lo dicho.

El poema, entonces, como batalla. Con la fuerza de la condensación que suplementa el texto inicial, como la base sumergida de un témpano que sostiene lo legible. En efecto -por retomar algunas reflexiones de Gamoneda-, el poema nace en la tachadura o, lo que es lo mismo, en el trabajo de la reescritura. Incluso el texto a pie de página ya es supresión/alteración de uno previo, ya desaparecido.

Puede que la mejor poesía sea posible por ese desdecir continuo, por esa resistencia a lo cristalizado. La escritura poética como contra-dicción: un discurso a contramano que arremete contra un sistema de reglas que ahogan el pulso.

Desdecir se mueve ahí. No por azar Enrique Cabezón retoma la «logofagia» de Miguel Ángel Ullán: permite ahondar, precisamente, en ese acto de borrado que no se limita al olvido sino que advierte de una desaparición, del discurso en los márgenes, de la contingencia de toda soberanía. Así, el tachado se convierte en una empresa política que destituye la idea misma de una Escritura final, plena, concluida de una vez por todas. Recuerda con Valery que los poemas no se terminan sino que se abandonan.

La imposibilidad de un término, sin embargo, no niega el deseo de un recomienzo. Sin temor a remover los escombros, en busca de lo decisivo, de aquello que cuenta y posibilita el cuestionamiento de los discursos heredados. ¿No es esa contra-dicción lo que, justamente, requerimos para rebelarnos ante un presente asfixiante?
 
Arturo Borra 

 

viernes, 29 de agosto de 2014

«Los treinta y tres nombres de Dios» - Marguerite Yourcenar




1.

Mar de mañana
2.

Ruido de la fuente
en las rocas
sobre las lajas de piedra

3.
Viento del mar
la noche
en una isla

4.
Abeja
 
5.
Vuelo triangular de los cisnes
 
6.

Cordero recién nacido
carnero hermoso
oveja

7.

El suave morro de la vaca
el morro salvaje del toro
 
8.

El morro paciente del buey
 
9.

El fuego rojo en el hogar
 
10.

El camello cojo
que atravesó la gran ciudad atascada
camino a su muerte

11.
La hierba
el olor a hierba
 
12.

* * * *

 13.
La buena tierra
la arena
y la ceniza

14.
La garza que esperó toda la noche,
casi helada,
y que al fin apacigua su hambre al alba
 
15.

El pequeño pez que agoniza
en la garganta de la garza
 
16.

La mano que se pone en contacto con las cosas
 
17.

La piel, por toda la superficie del cuerpo
 
18.

La mirada
y aquello que mira

19.
Las nueve puertas de la percepción
 
20.

El torso humano
 
21.

El sonido de una viola
o de una flauta indígena


22.
Un sorbo de bebida
fría
o caliente

23.
El pan
 
24.

Las flores
que brotan de la tierra
en primavera

25.
Tener sueño en una cama

26.

Un ciego que canta
y un niño enfermo

27.
Caballo que corre en libertad
 
28.

La mujer-de-los-perros


29.
Los camellos que se abrevan
con sus pequeños
en el arduo guad

30.
Sol naciente sobre un lago
aun helado a medias
 
31.

El silencioso relámpago
el rayo estrepitoso

32.
El silencio entre dos amigos


33.
La voz que viene del este,
entra por la oreja derecha
y enseña un canto

 
Traducción: Silvia Baron Supervielle

 

lunes, 18 de agosto de 2014

«esta muerte asegurada a cada instante» -algunos poemas inéditos de Benito del Pliego

 
 
11/26/08

Escuchas las voces de la patria.

Llegan como paño, con la hora en la que pagan justos x pecadores. Amotinadas en la portería, atrincheradas en la energía transgénica. Todos esos tiroteos, esa algarabía de señor que se invita a cenar en tu casa.

Ahí están, reparando poros, goleándote la oreja informativo a informativo.





Friday, may 8th, 2009
 
“Queríamos que quedase algo de nosotros”. Queríamos que nos tomase aparte, nos dijese sí, tu nombre no es en vano, tu nombre lápida en el tiempo, tu afán se salva por la fama, tú permanecerás. Tú escribe, déjanos saber lo que has sufrido, lo que has cedido, lo que ya no queda de ti.
 
Queríamos saber que de nosotros quedaba un algo, queríamos saber que alguien algún día abre la botella en la ceniza y nos encuentra ausentes, hallazgos de la llagas llenas de yo, pero yo ya ido, pero ya fue ego que se fue.
 
Queríamos que algo nuestro permaneciese así fuera enterrado como nuestros huesos, pero más allá, pero inscrito de algún modo. Mapas en nosotros, más que nosotros son, esa desposesión, esa continua destitución que nos da esa señal que viene de afuera.
 
Queríamos que alguna nada quedase del yo, queríamos dejar trazo de este destrozo, de este tráfago. Queríamos que alguna letra nos lastrase, queríamos que algún adiós, queríamos que algún grano, que un garabato, que un después, una persona; queríamos que una persona, luego queríamos que alguien, alguno, alguna cosa nos sacase de aquí, de esta muerte asegurada a cada instante.

 

 
 
1/16/10

 
Allí, en algún lugar, súplica y llantos, los golpes con el cucharín del “estoy viva”.

 
Allí, los que tenían brazos y piernas, si bien tendidos sobre polvo de demolición, impúdicos ya, lo mismo sexo que heridas a la luz.  Y cae o surge el día y comienzan a rezar a la devastación. Morir o matar por un vaso de agua. La humanidad otra vez, colgando de las ramas del horror, desvanecida.

 
*


Thursday may 6
 
1.
La Reina Blanca de Anjou, paseada en bayonetas de levantados pechos los restos de sus pechos en los que se puede imaginar el movimiento sensual que cautivara a un rey,  lo dice El País. No hay más vueltas que dar, la modestia de ser de albañil y bracera, me gustaría decirle a Milán. No tenían tierra que cultivar, como el pudor de la Reina de Anjou, recostada juntando las piernas, lo dice El País.
 
 
2.
No tuvieron tierra hasta tener solar. Mamá acusa al solar de rompérsela, la carretilla, la cuesta, el carreterín (tres cosas tiene Consuegra) detrás de la Reina de Anjou.
Me acuclillo entre plantas, cuál es ¿Apalachia o Al Anxa? Parece que murió en el parto, era reina de Anjou.

 
 

 


Helicópteros rocían agua en el reactor 3 y camiones cisterna se preparan para inyectar agua en el 3 y el 4

El Gobierno japonés ha decidido refrigerar por las bravas los reactores de Fukushima. Están perdiendo mucha agua. Las barras de combustible van a quedar al descubierto. Helicópteros rocían con agua de mar. El más peligroso contiene plutonio. Se trata de una auténtica lucha para evitar la fusión de los núcleos. Es demasiado dramático. No hay manera de contener el dramatismo, apenas si es posible considerar la situación porque cómo se vive después de una muerte repetida que recuerdan demasiadas cabezas demasiados tumores llamativos los nombres cada cual atractivo a su manera Fukushima y Chernóbil no sé dónde el golpe de voz en palabra extranjera radioactividad nuclear atómico no tenemos ni idea de la profundidad del charco o sí y solo gente como yo que no se entera y el mundo es mucho más sencillo sencillo de destruir. Energía eléctrica. Culpa a tu batidora y su bombilla. Finalmente pequeños robots están asestando un golpe mortal (no hace falta dirty bomb) en Fukushima Nagasaki Chernóbil o Chernobil su vileza su villanía y su radioactividad. Aunque las radiaciones no han desaparecido autoridades consideran que hay que intervenir a cualquier precio. Los helicópteros solo podrán acercarse cuarenta minutos al día para evitar la contaminación. Una pantalla protege a los soldados. Autoridades aseguran que la primera fase ha funcionado y el agua llegó hasta la vasija. Pero también las que aparecen rotas en enterramientos y antiguas casas dicen que alguien vivió, no necesariamente que hay alguien vivo. Quedan vasijas. ¿Será semejante lo emocional se podrá dejar al descubierto las barras de material radioactivo vaciamiento de la piscina hasta que sea irreversible la fusión? ¿Será semejante a la manera en que se toman las (malas / buenas) decisiones y nos exponemos así a una radiación letal? Fukushima, cherè-no-vil, villa qué herida.



 
 
Atenas arde y no es la llama olímpica. Es la furia que avienta la debacle, Victoria de Samotracia rociada en gasolina.

El papel del fuego en nuestra evolución, incorporación visceral del fuego que reduce, dicen, la necesidad de largos intestinos, y hace posible la digestión, la concentración para leer un libro, trazar caballos, manos y bisontes.
 
De nuevo la estufa ardiendo, la madera que mantiene el calor, la hoguera que aleja con su bondad al bonzo que se nos quema. Apenas Atenas.
 
Atenas arde y no es la llama olímpica. ¿Con qué manos, Victoria, apagarás tu fuego?
 
 

Benito del Pliego, Dietario (de próxima aparición en Amargord)
 
* Todas las imágenes pertenecen a Alemania, año cero, de Roberto Rosellini 

 

martes, 5 de agosto de 2014

«hasta convencernos de la inocencia»: tres poemas inéditos de Pilar Martín Gila

 
Brad Soucy

 
Así despuntó la mañana.

Nadie recuerda tan poca luz a estas horas. Un loco ha encontrado los ruidos del mundo y está llamando a todas las puertas. No tengo tanto miedo. Pero tampoco, tampoco conozco un amanecer tan oscuro. Puede ser alguna consecuencia del pasado siglo o la espalda extendida de una tarde

o el cuerpo del caballo
o esta cortina que roza sin parar el cielo.
Aún es temprano
para que los niños escapen cada noche
hasta convencernos de la inocencia.


Brad Soucy

 
Así despuntó la mañana.

Con las primeras luces, podríamos, sin duda, simular una esperanza y repetirla sin reservas cuantas veces sea necesario, abatida la memoria. Lejos, los que allá abajo beben todavía con la misma canción hasta que nada les ofrezca desconfianza.

Si finalmente se desvanece
y queda todo tranquilo,
tan claro
que no hay nada que ocultar
ni se adivina el río
en el agua derramada, su goteo,
el vaivén de la suerte
o el movimiento cansado del alma.
 
 
Brad Soucy

 
Así despuntó la mañana.
No recuerdo si este niño
era el cuerpo del caballo
o si los dos se dieron alcance


para pasar el sueño de pie, lo más cerca posible de un insensato baile, seguros como estamos de no poder dejar la razón en las cunetas sin que todo se vuelva más difícil.
 
De Otro año del mundo, Pilar Martín Gila (de próxima aparición en Ediciones La Palma).