viernes, 29 de agosto de 2014

Los treinta y tres nombres de Dios - Marguerite Yourcenar




1.

Mar de mañana
2.

Ruido de la fuente
en las rocas
sobre las lajas de piedra

3.
Viento del mar
la noche
en una isla

4.
Abeja
 
5.
Vuelo triangular de los cisnes
 
6.

Cordero recién nacido
carnero hermoso
oveja

7.

El suave morro de la vaca
el morro salvaje del toro
 
8.

El morro paciente del buey
 
9.

El fuego rojo en el hogar
 
10.

El camello cojo
que atravesó la gran ciudad atascada
camino a su muerte

11.
La hierba
el olor a hierba
 
12.

* * * *

 13.
La buena tierra
la arena
y la ceniza

14.
La garza que esperó toda la noche,
casi helada,
y que al fin apacigua su hambre al alba
 
15.

El pequeño pez que agoniza
en la garganta de la garza
 
16.

La mano que se pone en contacto con las cosas
 
17.

La piel, por toda la superficie del cuerpo
 
18.

La mirada
y aquello que mira

19.
Las nueve puertas de la percepción
 
20.

El torso humano
 
21.

El sonido de una viola
o de una flauta indígena


22.
Un sorbo de bebida
fría
o caliente

23.
El pan
 
24.

Las flores
que brotan de la tierra
en primavera

25.
Tener sueño en una cama

26.

Un ciego que canta
y un niño enfermo

27.
Caballo que corre en libertad
 
28.

La mujer-de-los-perros


29.
Los camellos que se abrevan
con sus pequeños
en el arduo guad

30.
Sol naciente sobre un lago
aun helado a medias
 
31.

El silencioso relámpago
el rayo estrepitoso

32.
El silencio entre dos amigos


33.
La voz que viene del este,
entra por la oreja derecha
y enseña un canto

 
Traducción: Silvia Baron Supervielle

 

lunes, 18 de agosto de 2014

«esta muerte asegurada a cada instante» -algunos poemas inéditos de Benito del Pliego

 
 
11/26/08

Escuchas las voces de la patria.

Llegan como paño, con la hora en la que pagan justos x pecadores. Amotinadas en la portería, atrincheradas en la energía transgénica. Todos esos tiroteos, esa algarabía de señor que se invita a cenar en tu casa.

Ahí están, reparando poros, goleándote la oreja informativo a informativo.





Friday, may 8th, 2009
 
“Queríamos que quedase algo de nosotros”. Queríamos que nos tomase aparte, nos dijese sí, tu nombre no es en vano, tu nombre lápida en el tiempo, tu afán se salva por la fama, tú permanecerás. Tú escribe, déjanos saber lo que has sufrido, lo que has cedido, lo que ya no queda de ti.
 
Queríamos saber que de nosotros quedaba un algo, queríamos saber que alguien algún día abre la botella en la ceniza y nos encuentra ausentes, hallazgos de la llagas llenas de yo, pero yo ya ido, pero ya fue ego que se fue.
 
Queríamos que algo nuestro permaneciese así fuera enterrado como nuestros huesos, pero más allá, pero inscrito de algún modo. Mapas en nosotros, más que nosotros son, esa desposesión, esa continua destitución que nos da esa señal que viene de afuera.
 
Queríamos que alguna nada quedase del yo, queríamos dejar trazo de este destrozo, de este tráfago. Queríamos que alguna letra nos lastrase, queríamos que algún adiós, queríamos que algún grano, que un garabato, que un después, una persona; queríamos que una persona, luego queríamos que alguien, alguno, alguna cosa nos sacase de aquí, de esta muerte asegurada a cada instante.

 

 
 
1/16/10

 
Allí, en algún lugar, súplica y llantos, los golpes con el cucharín del “estoy viva”.

 
Allí, los que tenían brazos y piernas, si bien tendidos sobre polvo de demolición, impúdicos ya, lo mismo sexo que heridas a la luz.  Y cae o surge el día y comienzan a rezar a la devastación. Morir o matar por un vaso de agua. La humanidad otra vez, colgando de las ramas del horror, desvanecida.

 
*


Thursday may 6
 
1.
La Reina Blanca de Anjou, paseada en bayonetas de levantados pechos los restos de sus pechos en los que se puede imaginar el movimiento sensual que cautivara a un rey,  lo dice El País. No hay más vueltas que dar, la modestia de ser de albañil y bracera, me gustaría decirle a Milán. No tenían tierra que cultivar, como el pudor de la Reina de Anjou, recostada juntando las piernas, lo dice El País.
 
 
2.
No tuvieron tierra hasta tener solar. Mamá acusa al solar de rompérsela, la carretilla, la cuesta, el carreterín (tres cosas tiene Consuegra) detrás de la Reina de Anjou.
Me acuclillo entre plantas, cuál es ¿Apalachia o Al Anxa? Parece que murió en el parto, era reina de Anjou.

 
 

 


Helicópteros rocían agua en el reactor 3 y camiones cisterna se preparan para inyectar agua en el 3 y el 4

El Gobierno japonés ha decidido refrigerar por las bravas los reactores de Fukushima. Están perdiendo mucha agua. Las barras de combustible van a quedar al descubierto. Helicópteros rocían con agua de mar. El más peligroso contiene plutonio. Se trata de una auténtica lucha para evitar la fusión de los núcleos. Es demasiado dramático. No hay manera de contener el dramatismo, apenas si es posible considerar la situación porque cómo se vive después de una muerte repetida que recuerdan demasiadas cabezas demasiados tumores llamativos los nombres cada cual atractivo a su manera Fukushima y Chernóbil no sé dónde el golpe de voz en palabra extranjera radioactividad nuclear atómico no tenemos ni idea de la profundidad del charco o sí y solo gente como yo que no se entera y el mundo es mucho más sencillo sencillo de destruir. Energía eléctrica. Culpa a tu batidora y su bombilla. Finalmente pequeños robots están asestando un golpe mortal (no hace falta dirty bomb) en Fukushima Nagasaki Chernóbil o Chernobil su vileza su villanía y su radioactividad. Aunque las radiaciones no han desaparecido autoridades consideran que hay que intervenir a cualquier precio. Los helicópteros solo podrán acercarse cuarenta minutos al día para evitar la contaminación. Una pantalla protege a los soldados. Autoridades aseguran que la primera fase ha funcionado y el agua llegó hasta la vasija. Pero también las que aparecen rotas en enterramientos y antiguas casas dicen que alguien vivió, no necesariamente que hay alguien vivo. Quedan vasijas. ¿Será semejante lo emocional se podrá dejar al descubierto las barras de material radioactivo vaciamiento de la piscina hasta que sea irreversible la fusión? ¿Será semejante a la manera en que se toman las (malas / buenas) decisiones y nos exponemos así a una radiación letal? Fukushima, cherè-no-vil, villa qué herida.



 
 
Atenas arde y no es la llama olímpica. Es la furia que avienta la debacle, Victoria de Samotracia rociada en gasolina.

El papel del fuego en nuestra evolución, incorporación visceral del fuego que reduce, dicen, la necesidad de largos intestinos, y hace posible la digestión, la concentración para leer un libro, trazar caballos, manos y bisontes.
 
De nuevo la estufa ardiendo, la madera que mantiene el calor, la hoguera que aleja con su bondad al bonzo que se nos quema. Apenas Atenas.
 
Atenas arde y no es la llama olímpica. ¿Con qué manos, Victoria, apagarás tu fuego?
 
 

Benito del Pliego, Dietario (de próxima aparición en Amargord)
 
* Todas las imágenes pertenecen a Alemania, año cero, de Roberto Rosellini 

 

martes, 5 de agosto de 2014

«hasta convencernos de la inocencia»: tres poemas inéditos de Pilar Martín Gila

 
Brad Soucy

 
Así despuntó la mañana.

Nadie recuerda tan poca luz a estas horas. Un loco ha encontrado los ruidos del mundo y está llamando a todas las puertas. No tengo tanto miedo. Pero tampoco, tampoco conozco un amanecer tan oscuro. Puede ser alguna consecuencia del pasado siglo o la espalda extendida de una tarde

o el cuerpo del caballo
o esta cortina que roza sin parar el cielo.
Aún es temprano
para que los niños escapen cada noche
hasta convencernos de la inocencia.


Brad Soucy

 
Así despuntó la mañana.

Con las primeras luces, podríamos, sin duda, simular una esperanza y repetirla sin reservas cuantas veces sea necesario, abatida la memoria. Lejos, los que allá abajo beben todavía con la misma canción hasta que nada les ofrezca desconfianza.

Si finalmente se desvanece
y queda todo tranquilo,
tan claro
que no hay nada que ocultar
ni se adivina el río
en el agua derramada, su goteo,
el vaivén de la suerte
o el movimiento cansado del alma.
 
 
Brad Soucy

 
Así despuntó la mañana.
No recuerdo si este niño
era el cuerpo del caballo
o si los dos se dieron alcance


para pasar el sueño de pie, lo más cerca posible de un insensato baile, seguros como estamos de no poder dejar la razón en las cunetas sin que todo se vuelva más difícil.
 
De Otro año del mundo, Pilar Martín Gila (de próxima aparición en Ediciones La Palma).

domingo, 13 de julio de 2014

«un desierto a la deriva» -fragmentos de Mario Montalbetti


 


hay un desierto a la deriva

enterrado entre tormentas

hay un escorpión inteligente
 
tallado en cada muerte
y hay una muerte tras otra
 
entusiasmadas con la religión
 
aves frías te golpean la cabeza
y aprendes enseguida
 
hay un río dentro del río
 
fabricando fiebres delicadas
hay una puerta detrás de la puerta
 
y un bizcocho detrás del mundo
 
excavamos en los días de la tiza
vertebrado / invertebrado
 
escribimos para tapar los hoyos
y reparar las faltas
 
hay un ángel de barro acantonado en posición fetal
y al fondo un enemigo intolerante
 
hay un musco que contiene réplicas
de todo lo que has oído
hay un libro que repite todo lo que escribes
y otro que escribe todo lo que repites
 
hay un sol partido en dos
y una sombra espesa en la escisión
hay un perro perdido en el ojo de la horca
(cada línea es un río una calle un color imaginario
 un número irracional en medio de una suma infrecuente
el rostro cambiante de una ventana un amanecer en tu boca
una lápida una lápida que no coagula...
 
porque cada línea contiene su propia ausencia
porque cada línea no importa
 
la escala termina con la forma
los ritmos y las texturas se desbandan sobre las dunas
la aridez se hace rama inquebrantable)
 

de todas las huellas / escoge la del desierto
de todos los sueños / el de las bestias
de todas las muertes / escoge la tuya propia
que será la más breve y ocurrirá en todas partes
 
 
decimos nada sobre todo
buscando a aquél que lo dice todo sobre nada
 
sobre la mesa hay animales vivos y flores amarillas de montaña
 
muertes simples que se clavan en la tierra como estacas de plata
estampas de los santos gregorio santiago y Benedicto
 
la luna vacía y el sol de invierno
 
 
los pies de aquellos que pisarán los granos esta noche
los tambores los cuernos en espiral y agonías que besan los cielos
el violón de madera balsa las cuerdas de metal
 
todo está sobre la mesa
sobre la mesa las hojas de coca y los nevados
y los ríos de obsidiana
 
las piedras que se repartirán a medianoche
y la medianoche entera
besando el corazón de un cóndor y la voz de una mujer
que irá de casa en casa buscando a sus familiares todo esto
 
 
todo esto está sobre la mesa
 
¿por qué lo hacen de esa manera? así lo hacen así lo
hacemos
 
sobre la mesa las tormentas y los vientos y los lagos
de altura
la sed continua de las gargantas en las islas
 
 
el diario secreto de las amazonas
el manojo de rosarios cuyas cuentas no conocen
todavía
el paso fugaz de las yemas hacia la redención
 
 
todo está sobre la mesa todo esto
 
 
así lo hacen así lo hacemos
cañas negras vibran entre sus labios
saliva espesa lame las caries negras
cerdos de patas negras con negras circuncisiones
merodean en silencio
 
 
todos lo saben todos los han visto
y están todos ciegos de ver tanta ausencia
 
 
se ha ido
 
puso al ave intoxicada
sobre el abismo y dijo
alcanza al ave de fondo
y resuelve el suspenso
de toda esta geometría
 
vuela en silencio
abriéndote al espacio
que no toma en cuenta
el espacio que ocupan
las cosas llamadas reales
 
el ave descendió tres
tormentas espirales
y encontró al ave
que laceraba su letargo
colgada de un rayo de porcelana
 
aquí hay alguien
que se ha ido y que ha dejado
esta succión i> y termitas en todos los peldaños
y en todo este espacio abierto
 
 
los niños nacen sin cerebro
 
 
y encierran sus cabezas en bolsas de plástico
y deambulan por el desierto
 
como astronautas atormentados
medio millón delicadamente
 
 
desolados por esta versatilidad
de la repetición
hallan
 

 
un muslo un fémur un párpado
 
 
y una sanguinaria homilía sobre esta visión
que no hay ojos que vea
propiamente
 
 
porque es aguja y agujero al mismo tiempo
el mismo nervio
óptico
 
 
y en todo este espacio abierto
 
 
los senos están secos y las tibias tibias
 
 
hallan
 
el gran decorado de fondo que sigue su viaje
 
más de lo mismo tras más de lo mismo
como una piedra encerrando el fósil de una piedra
 
 
todo este espacio y ningún lugar donde ponerlo
vacíos
los niños aspiran el ágil plomo de las tardes frías
y cargan de tumor sus tristes tálamos
 
 
sordos a las palmeras
bajo cuyas palmas se indigestan
 
 
y ciegos
 
 
con cada muerte me vuelvo más lento
menos elegante y me recuesto en piedras
 
 
que son cráneos dormidos en el desierto
mi lengua está tatuada de sed
 
 
y las tormentas caen como flores
que caen de otro planeta
 
 
por fin el fin que no admite comienzos
o esta redención
 
entierro mis ojos
estudio mis manos mis uñas
son rabia fosilizada
 
 
persistencia del cólico de los árboles
ramas negras contra el cielo dorado
y el invierno sobre el invierno
 
 
el tiempo transfiere su ponzoña al paraje
los sueños nos despiertan picoteándonos los ojos
 
 
persistencia del cólico de los océanos
el primer sonido es un eco del último
peces de agua dura rellenan los desiertos submarinos
 
 
siete pozos son los siete días y veinticuatro
muelas las horas decapitadas por la marea
 
 
persistencia del cólico del fuego
naufragio de las hojas de té en agua hirviendo
 
 
una pared blanca con cien sombras que danzan
entre lluvias secas un fandango sangriento
él muere ella murmura y muere
 
 
persistencia del cólico del colibrí
por eso mira fijamente a la muerte en los ojos
 y le hinca el pico afilado hasta dejarla exangüe
 
 
y transfórmale sus oscuros humores
en néctar absurdo que sólo la adicción redime
 
 
persistencia del cólico de los perfumes
llevo en atados aromas sombríos que emanan de la tierra
 
 
lentos desastres son estos cantos de amor
 
 
esta montaña gris o esta bola de acero
 
 
este ascenso inesperado a 5000 metros
el vago huayno que me trajo hasta aquí
 
 
describe lechuzas negras y amores cortos
ensangrentados
 
 
ver en la oscuridad o a través de ella
caer de aviones
 
 
danzar al son de once arpas afiladas
 
 
el altiplano me debilita / nunca estuve ahí
 
 
nunca estuve ahí
ese ichu inerrante o esta mesa turquesa
 
 
esta muerte no es muerte
 
 
cómo será tirar a 5000 metros
estrangulado por el aire raro
 
 
o por el vómito de un ave carbonizada
nunca estuve allí
 
 
nunca estuve ahí
nadie está bien
 
 
esta débil precocidad de la sinrazón
este vado
 
 
este viento que otras bocas chacchan
más voraces y más insanas
 
 
nunca estuve ahí
 
arden las hojas secas
verdes fuera de si
 
 
lo que cambia entra
en combustión
se vuelve otra cosa
de otro color
 
en el estanque las carpas
rojas escarban
donde el espacio
no puede entrar
 
 
toma té
tres sorbos
tres veces
 
del corazón emigran
sueños solitarios
 
siguen las direcciones
de las ramas que caen
sobre el agua
 
 
solamente en una canasta
de vientos
puedes llevar tu vida
 
 
el fuego pesado de la hoguera
reconoce el carrizo
y huye de las malas
 

 
lo que adquiere forma
está condenado
a perderla
 
té / tres sorbos más
 


 
De «Fin desierto»

sábado, 14 de junio de 2014

"lo que suena en el índice el miedo": un poema de Jorge Esquinca





Antídoto
Cómo el amor, cuchillo, lenguaje del arrimo,
diente oculto en una encía de niebla. Para decir,
cómo, mordedura, singladura en la planicie
interna de tu muslo. Es ahí, cuchillo, la encarnada
estrella que ramifica, la reviniente mutación
de su corola. Cómo, amor, la mansedumbre
ofrecida sin más, cuchillo, el yo transfigurado.
Pero tu raíz en vilo, tu respiración en una nada
de aire, dora del cielo, rizo de luz enrojecida —ah,
cómo anima este mendrugo sin un cómo de palabra.
Dime cuchillo, arrima tu labia de sangre en el oído,
oye lo que suena en el índice del miedo, lo que se
decanta en la cutícula y dispara en tu centro la voz
sin voz, la quebradiza nube del no saber, amor,
en que te incendias. Lame tu hoja. Irisa los pistilos
de tu flor-mordedura, pero vuelve, pero quédate
y venga tu reino. Ah gobierno de oros contra espadas,
ah, tu política de racional advenimiento. Cómo decir
de ti, cuchillo, cómo de tanto, amor, la voz trastoca
el fiel de la balanza. Dime lo nevado en la piel del tú
o dime nada. Cállame con ti, disuélvete conmigo.
Alguien pisa esta zona de tolvaneras. Alguien dice.
Guárdame cuchillo, en el filo de ti, iluminado.

Jorge Esquinca