miércoles, 26 de septiembre de 2007

Tristeza -Laura Giordani











A esta tristeza sin casta
se le piden credenciales en el umbral:
que declare su edad, origen, estado,
para exigir que administre
con prolijidad sus lágrimas.

Esta tristeza es la dicha convaleciente,
la alegría que se azula
por el uso, la costumbre,
tinta desvaída del presente,
un paisaje lunar que avanza en el torso.

“¿Dé donde proviene?” preguntan,
como si no sobraran razones,
como si esta herida
sin clausura que es vivir
no fuese un manojo de chispas
arrancadas a la muerte.

Tristeza a medida de mi sombra,
recuéstate a ver las constelaciones de nuestra noche
formando figuras punzantes,
enigmáticas.

Recuéstate aquí a ver cómo brilla
la saga de las pérdidas.


De Noche sin Clausura (2005)



Laura Giordani nació en la ciudad de Córdoba (Argentina) De niña se exilia con su familia en España, viviendo alternativamente en estos dos países. Realiza estudios de psicología, bellas artes y lengua inglesa. Se interesa temprano por la literatura, especialmente poesía y relato. Sus poemas han sido publicados en la antología poética Aldaba (España,2003), así como en distintas revistas (El Aleph, Ultramar, Lunas Rojas) y periódicos. Entre sus poemarios se pueden mencionar: De la Carne y las Estrellas (1999), Apurando la Copa (2001), Celebración del Brote (2002), Cartografía de lo Blando (2005), Noche sin Clausura (2006). Participa como poeta panelista en encuentros de escritores y da recitales poéticos en Argentina y España.


2 comentarios:

Viktor Gómez dijo...

'como si esta herida
sin clausura que es vivir
no fuese un manojo de chispas
arrancadas a la muerte.'


Laura:

Aún en la extrañeza de este accidente que es la humana inteligencia dentro del amplio y rico Planeta vivo que es la Tierra (curiosamente azul visto desde las estrellas, bien pudiera llamarse Planeta Agua)nada se aproxima más a lo amado, a lo imposible, a lo indeciblemente bellísimo y terrible como el salto a los brazos de Thanatos.

De esa única certidumbre, desde esa única señal en la neblina del 'ser para la muerte' brotan los más necesarios poemas, la palabra que rasca el hueso de lo inevitable, luxando el sentido y la acción hasta dejarnos invalidos en un horizonte de estupor.

Y aún con ese panorama y desde esa ilógica certidumbre yo siento que algo hay, que algo somos más allá del polvo, más acá de la carne.

Me encanta como escribe esta poeta y amiga, Arturo. ¿Qué tal si averiguas cómo y por dónde abrió en la tupida selva del negro cemento grietas a la luz, mínimas y casi suficientes?

Tu Viktor

Arturo Borra dijo...

Viktor, aunque este poema vocifera por sí mismo, al menos cabe abrazarlo, en su herida sin clausura: ¿quién podría calificar estos versos como "metafísicos", como si la muerte, el heideggeriano ser-para-la-muerte, lo fuera?
Distintas las conjeturas que cada uno arriesga sobre lo invisible. Pero en todo caso, también las rasgaduras aluden a unas condiciones históricas materiales, a una tristeza que se asoma en las mañanas de este mundo social que ni siquiera nos proporciona una mínima educación sentimental para sobrellevar la dimensión esencialmente oscura de nosotros mismos. Puede que tales emociones trasciendan esas condiciones; aún así, ¿cómo no acompañar esa sombra que se asoma en las escisiones del presente? Y será quizás esa cercanía la que puede disoverla.
Hace un tiempo, por cierto, que averigué por quien engendra alguna luz; el trayecto me llevó bastante lejos...
Un abrazo,
Arturo