sábado, 6 de noviembre de 2010

«Junto al pájaro derribado», tres poemas de Laura Giordani

"Hay un árbol", Laura Giordani



"Sólo querer ser árbol para abrazarte"
Laura Giordani


Dame esa palabra que haga brotar calostro de las piedras
mientras tanto no decir nada
seguir en penumbra
hasta que alguien me llore dentro y tenga que escribir
para darle consuelo




Primera vez

Sus noventa y siete kilos y toda
su lujuria cayeron sobre tu pubis
de nieve aún blanda.

Si hay dios, que esta noche
caiga de rodillas y llore
todo lo creado.


"El abrazo", Laura Giordani

girar de otra forma,
estremecer las omisiones:
esas piedras orbitando el corazón
estrellas muertas
capturadas por la tibieza en declive
de los cuerpos

resquebrajar las compuertas

dejarse anegar

ahora las cortezas mojadas
pueden arder bajo el corazón de los muertos
el fruto dejarse caer de su gravidez de azúcar
al suelo
--------prematuro

el árbol llorar su altura
junto al pájaro derribado

Del poemario Materia Oscura (Baile del Sol, 2010)




Fragmentos de «Vocación de cicatrizar», Mariel Manrique

Laura escucha la respiración de la tierra bajo la que tiembla un mundo. Ejecuta una delicadísima tarea de arqueología, exhumando lo que debe tatuarse en la memoria. Lo hace con la serenidad que destilan las imágenes pintadas por Fra Angelico y la determinación infatigable de quien no puede sino hundir sus manos en la noche más negra, para arrancarle los destellos que nos permitan seguir de pie. En los poemas de Laura no hay impostura, prótesis ni ornamento; no tienen flecos ni sobras, no hay exceso. Han sido cincelados amorosamente, con toda la ternura y la fiereza de la que el amor es capaz. Los poemas de Laura no son artefactos. Son la resistencia convertida en acto poético puro por una mujer que salta sin soga, sin arnés y sin red.

Laura va hacia abajo. Mira en la dirección de los olvidados y los desguarnecidos. Sus palabras pesquisan el dolor enterrado, para rescatarlo y cobijarlo en su alfabeto hecho nido. Es un doble dolor: el de haber sido arrojado a la existencia, sin haberlo pedido, y el infligido por la indiferencia y la conversión del prójimo en inerme objeto de crueldad. (...)

Adentro está todo lo que ha sido tapado por “una nieve sucia”. Por el desastre en el que hemos convertido nuestra salida de la infancia. La infancia está, para Laura, atrás y también adelante. Es la infancia primera que nos fue concedida y la infancia prometida que nos aguarda, si somos capaces de asumir y saldar nuestras deudas y dejar de ordenar, impasibles, las sucesivas muertes de los otros en el anaquel impávido de nuestras sienes. De detener el automóvil para acunar al perro moribundo en la cuneta, en lugar de “esquivarlo y acelerar para llegar pronto a casa”. (...)

Hemos sido exiliados de nosotros mismos. No solo de un país, sino de nuestra patria íntima de origen. De algún modo, fuimos expulsados de nuestra condición de niños, para adentrarnos en una adultez avara, que acumula negándose a soltar. Para soltar hay que restañar la herida y andar ligeros de equipaje.

Las varas poemáticas de Laura tienen no solo una textura pulida y despojada, sino una temperatura. Tibia como los cuerpos de los cachorros. Así como de esa textura surgen espontáneamente las “iluminaciones profanas” cuya belleza asediaba a Walter Benjamin, esa temperatura nos arropa y cobija. Mientras tanto, cada palabra es el hilo que sutura el tajo y nos desplaza a un territorio donde lo superficial es abolido, para quedarnos solo con el recuerdo de lo indispensable. Que brilla y brilla bajo la cruz del sur, a la que Laura regresa invariablemente".

Para leer el texto completo, aquí.

Fragmentos de «Glosas a Materia Oscura de Laura Giordani», Leonardo Torres

Al emprender la lectura de «Materia Oscura» tenía cierta aprehensión frente a la dificultad de abordar desde la poesía, un “tema «imposible»" (como dice Eduardo Milán en el bello prólogo) como el de la imposible niñez con que nuestras sociedades dan la bienvenida a millones y millones de niños. De Laura conocía ya su empatía profunda hacia la infancia y su lucidez rabiosa frente a la marcha del mundo y del mundo de las letras. Conocía también la fuerza creadora de su lenguaje y su exigencia, cosas que se ilustran en cada página de este libro. Pero dicha aprehensión, me di cuenta desde el primer poema, parece ser también el punto de partida de «Materia Oscura»: «llegar al poema como a una tierra minada de peligros» dice Laura y eso desde las orillas donde el mundo «se desploma» y donde debe también derrumbarse el lenguaje y emerger «el balbuceo». Y nos advierte que cuando el significado estalle «se verán los niños». No es, entonces, el niño quien ‘solicita’ el poema en su nombre, no son los buenos sentimientos ni la caridad que hacen llamado a la palabra poética, sino que, a través de la búsqueda de un lenguaje para el poema de hoy, el niño aparece como aquello que debemos decir antes que nada, como el puntal del mundo al que se pretende nombrar. (...)

Creo que si Laura «llega» hasta ese niño, si no se queda en una simple visión exterior y apiadada, si su viaje hacia ese otro que es el niño cobra consistencia y acarrea con el lector pese a la conciencia de la que hablamos al comienzo, es porque el libro está escrito por alguien que ha guardado las rodillas lastimadas de la infancia. En estos poemas hay una mujer que se mira en su propia infancia y desde ella constata la «cerrazón del mundo » donde hay otro niño que la mira, que nos mira. (...)

Hay aquí un tropiezo, una sacudida que nos devuelve a esa «lastimadura en las rodillas» y, de repente, el ‘tú’ que hasta ahora era el otro, se convierte en el ‘tú’ mismo de la poeta. Ella también ha dejado atrás « el humo y el árbol » porque « de sien a sien estallaron / los pétalos en la diáspora/ del perfume, de la infancia», ha perdido lo que ahora sólo es nostalgia o, mejor dicho, « dulce podredumbre en la espalda… pútrida dulcedumbre de las palabras que no mueren del todo». (...)

Esta ‘fêlure’, esta grieta que presiento en Laura Giordani me parece fundamental para entender «Materia Oscura». Hay un terreno común para ambos ‘tú’, ambos poseen ojos donde «se estampó el espanto». Y pueden mirarse y la una puede decir al otro o, como diría Chantal Maillard, hace de su «propio dolor la posibilidad del dolor de los demás». El recuento sistemático (¿cómo evitarlo?) que tenemos en «el resplandor de la indigencia», nos conduce a los lugares del cataclismo permanente, donde los pájaros caen muertos del cielo y el cielo mismo se despeña y donde no puede haber un ‘dios capaz de arrodillarse’ ante tanto horror porque « ¿A qué dioses aplacar con la sangre de un niño o de un pájaro?» (...)

No hay respuesta, sólo una trayectoria posible hacia la compasión (movimiento que se ejerce a lo largo del libro) que confiesa, de algún modo, la impotencia de las palabras y nos devuelve a nuestra condición primera, la de ser, antes y después del poema, un cuerpo inmerso en este mundo y por ello aspirar a « sólo querer ser árbol para abrazarte».

Para leer el texto completo, pulsa aquí.

25 comentarios:

Lola Torres Bañuls dijo...

Enhorabuena a Laura por el libro. Esos poemas merecen rodar por el mundo para sacudirnos.

Y a Mariel por la reseña tan profunda.

Un abrazo a los todos: Laura Mariel y Arturo por dejarnos ver el libro.

Avisarme para la presentación que quiero estar. Vale.

poetas fronterizos dijo...

¡que ganas de la macropresentación de tu libro, el de Laura, el de Antonio y el de Víctor! 4 grandes poetas en una sola tarde, explotaré de euforia y poesía

Un saludo,
Jorge

Stalker dijo...

Querido Arturo:

confieso que he recibido la publicación de este libro como una satisfacción personal. No sólo me he alegrado por Laura, también me he alegrado por mí, porque considero que ya venía siendo necesario, desde hace tiempo, que estas palabras estuvieran accesibles en libro y vengan a hablarnos de esa intimidad de intemperie, cobijo, regazo y pérdida en la que tanto nos implicamos.

Los poemas son espléndidos; un cierto pudor me impide glosarlos, y también la conciencia de mis límites. Además considero que son perfectas gemas, que han sido tallados desde ese un espíritu cómplice y que no cierra los ojos ante las atrocidades: antes bien, los mantiene bien abiertos, nos quiere hacer partícipes y convocarnos (invocarnos) a una suerte de exorcismo o conjuración en la palabra. Miramos, nos dolemos, y la palabra de Laura nos cicatriza: atraviesa el espacio de desolación de la mirada hacia ese origen que es intimidad, abajo, alma-raíz o huella emergente, al fin legible, después de la tierra quemada y el vértigo de existir

Una nueva vida brota de este libro y no le podemos poner un nombre aún; no es una especie biológica ni una planta, sino una brecha: irreductible realidad intesticial, pequeño ojo avizor, corazón que se desentraña y nos cerca, al implorarnos, reunirnos y desafiarnos a sostener la mirada.

No conocía los retratos o dibujos de Laura y me han interpelado profundamente: hay continuidad entre la mano que pinta y la que escribe. No podía ser de otra manera: es la misma mano, siempre del lado-dar de la vida.

Maravillosas palabras de Mariel también, que dicen con precisión tantas y tantas cosas que comparto...

en esta entrada crecemos, Arturo,

gracias

Viktor Gómez dijo...

desde la afectuosa lectura de Lola, la pasión briosa de Kike, el sereno placer de Stalker, mi cómplice laridad, que uno es desde donde lee la vida, siempre huésped de un no-lugar que heredamos. Y esa heredad que nos propone Laura, esa caca familiar de la palabra sanada, es para un tiempo de temblor, también de bienvenidas, de reencuentros, de memoria de las víctimas y vínculo del lenguaje con la compasión y la lealtad.

Querida Laura, habiendo ya leído con mesura Materia oscura, se certifica la madurez y belleza de una voz singular que atendiendo al daño y sin escluir sus márgenes y subterráneos, nos convoca hacia el claro del bosque, nos reune en la esperanza, en la frontera que acoge orfandades y naufragios, cuerpos resistente al combate, nieves que inauguran otro invierno.

Un beset

Vik

Viktor Gómez dijo...

Acabo de leer la abisal prolongación del poemario que hace Mariel, en un ejercicio legítimo y difícil de rescritura, es decir, de lectura tan cuidadosa, tan atenta, que se agencia el pájaro herido y en su re-citar le devuelve vida, color, tono, vuelo.

Estas lecturas de calidad suelen ir por los vericuetos de la palabra dada, por lo que la autoría expuso, más allá de su consciencia, en la metarazón y la metaintuición propia de la poética en tinta fijada y regalada.

Mariel, además, consiguió atraparme, que me identifique con su visión del conjunto de Materia oscura. Ahora vuelvo al libro y se me abre un poco más. Eso no tiene precio. Es un don.

La vocación de cicatrizar, la palabra que sana, sólo es eficaz, cuando la persona que lee lo hace desde una capacidad espiritual, política, íntima (tres que son una) como las que desnudan su trabajo crítico.

Gracias, gracias, gracias.

V

Arturo Borra dijo...

Querida Lola, gracias por pasarte por aquí. Los poemas de Laura me parecen excepcionales y estoy convencido que pronto rodarán por el mundo, con sus heridas y sus gasas.
Mariel ha entrado a ese mundo no como huésped sino como habitante. Sólo así se comprende esa inmersión radical en esas hebras que ha trenzado Laura.
La presentación será este mes de noviembre, en Primado. Si no me equivoco, viernes 19, pero ya te lo confirmaremos.
Te esperamos por ahí y no te olvides, por cierto, de llevarnos un poemario tuyo, que lo estamos esperando...
Va un fuerte abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Jorge, mil gracias por la buena onda...! En cuanto a la presentación, bueno, eso de "macro" le queda grande, pero procuraremos hacer algo que nos permita poner a dialogar nuestras voces pequeñitas (diría un amigo), que quieren abrazar lo inerme. Ahí nos encontramos muchos, como vos y los compañeros de la trinchera.

Va un fuerte abrazo,
Arturo


PD: aprovecho y pongo el link de su blog.

Anónimo dijo...

very good and cool,thank you for your sharing.

Lola Torres Bañuls dijo...

Si eso pienso yo que los poemas de Laura son excepcionales. Pero quiero leer el libro entero para dejarme envolver por la poética al completo.
Estaré allí para acompañaros.
Gracias por interesarte por mi libro os llevaré el libro.

Un abrazo fuerte para todos.

Leonardo dijo...

Laura, has escrito un libro que penetra, por la fuerza original y lúcida de sus imágenes, en una zona de la que todos conocemos el exilio (lo que señala admirablemente Mariel Manrique). No es el niño aquí objeto de contemplación, tus palabras lo van encontrando cada vez que intentan explorar al mundo, la materia, y una y otra vez descubren no sólo su desamparo de "materia oscura" sino nuestros propios, inabarcables, desamparos, y la imperiosa necesidad del abrazo. Ojalá muchos otros lectores lo reciban también.
Por mi parte te envío el mío, de todo corazón.

Arturo Borra dijo...

He agregado a la entrada original la glosa impresionante de Leonardo Torres. Espero que la disfruten...
Arturo

Arturo Borra dijo...

Querido Stalker: me consta esa satisfacción, tu alegría íntima, la misma que sentimos muchos por poder leer estos poemas heridos en esa constelación única que es un libro. El poemario de Laura es de esos que ya no dejan volver al mismo punto. No sólo tiene poder de conmoción: ahonda ahí donde se hace más difícil -y quizás, más imprescindible también- el poetizar: la infancia dañada de mil formas.
Pasar por ahí está cargado de peligros y diría que es fácil caer en ellos. No digo sólo el panfletarismo; también los recursos efectistas, los remates grandilocuentes, etc. Sólo quien ha intentado escribir poemas semejantes sabe de la dificultad. Y Laura nos sacude porque evita la típica exterioridad caritativa, de comadrona dominical que se preocupa unas horas de vidas que le son completamente ajenas. Por eso "Karuna" sólo puede ser "com-pasión" en sentido radical: ser-árbol, ser-niño y su herida intransitable.

Ese no cerrar los ojos del que hablás es lo que da al poemario esa humanidad que desborda. No sé -francamente- si la palabra-gasa nos cicatriza; diría al menos que nos lava, nos ayuda a mirar desde una sensibilidad que no acepta la amnesia. Y eso, ese reconocerse vulnerados, de alguna forma es una promesa...

Una nueva vida, abrazada a ese árbol, el árbol que nos crece y se ramifica en todas estas hermosas compañías, para que al menos esos seres indefensos no estén tan solos, por un momento al menos.

Gracias a vos por habitar estos poemas.

Un abrazo fuerte,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Sí Víktor, leer la vida, de eso se trata. La poesía de Laura incide ahí; y cada uno de nosotros, lee desde sus específicas posiciones vitales. Lectura situada, entonces, en la que la hospitalidad es condición de entrada al poema.
La casa familiar de Laura, es también familiaridad con lo extraño. Y aunque no puedo hablar en nombre del otro, y siguiendo con algo que le decía a Stalker, no sé si el punto es la "palabra sanada", no sé si hay reconciliación. Quizás la fuerza crítica de este poemario resida más bien en que no hay tal reconciliación final. La desgarradura permanece, y ahí quízás su valor crítico, no tranquilizador, aunque Laura procure alzar esa palabra compasiva que se estire hasta el dolor del otro.
Por eso la esperanza es tan incierta;
nada decidido de antemano, ningún destino que no dependa de la libertad humana.
También a mí Materia oscura me resulta un libro precioso, escrito con una sensibilidad inusual. No puedo sino celebrar su existencia.
Gracias Víktor por sumergirte en esa materia...
Un fuerte abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

La apropiación de Mariel continúa el temblor, y otro tanto habría que decir de la reseña de Leonardo (que incorporé ayer). Son lecturas que se sumergen, que reconstruyen ese cisma que marca la escritura, que reescribe
lo dicho para arrancarle lo que está todavía por decir (como porvenir de la escritura).
Son hermosas devoluciones. Es la mejor vuelta a la que puede aspirar un poeta: una lectura capaz de detenerse en esa pulsación que es un poema.
También a mí me estremeció la lectura de Mariel: su entrega radical al otro en sus singularidades.... Eso es entrañable y por eso también la extraño.
Llama la atención que el comentario se refiriera a otro poemario ("Cartografía de lo blando"). Porque perfectamente podría hablar de "Materia oscura". Ocurre que Mariel se ha sumergido tanto en la poética de Laura que ha captado ese latido que le es común a todos sus poemarios.
"Vocación de cicatrizar", esa búsqueda... ante todo.
Gracias a vos Víktor por alojar todos esos mundos y a Mariel, por vibrar junto al pájaro derribado.
Otro abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Anónimo, gracias por pasarte. Siento no poder entablar un diálogo más detenido.
Un saludo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Lola, comparto tu perspectiva. Aunque descreamos de la "obra" en sentido fuerte, al fin y al cabo un poemario es una unidad de sentido -todo lo plural y precaria que se quiera-. Por eso, la experiencia de lectura es otra a la lectura de unos poemas sueltos. Sólo en un contexto mayor los poemas empiezan a conversar entre sí y puede entregarse a su murmullo común.
Te esperamos entonces la semana que viene. Gracias a vos por la cercanía y va un fuerte abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Bueno Leonardo, no voy a contestar por Laura, pero diré que tu lectura, además de compartirla, me parece sumamente lúcida. Esa lectura sólo puede hacerse a partir de una interrogación sutil, que se echa de menos (por lo infrecuente, sin desconocer los excelentes lectores que también se pasan por aquí).
No el niño-objeto; el niño-mirada, la mirada esa que pregunta a pesar de los cerrojos que le han puesto en la boca. A pesar, incluso, del desamparo que aludís, están ahí esas hebras que quieren abrigarlo.
Gracias por todo y un enorme abrazo,
Arturo

Yaiza Martínez dijo...

Querido Arturo, el libro de Laura Giordani es un libro potente, muy sugerente, de imágenes muy maduras, contundentes y finísimas. El primero de los poemas que has puesto me conmocionó, un abrazo, Yaiza

Arturo Borra dijo...

Querida Yaiza, comparto tu valoración y de hecho, considero que se trata de un libro fuera de lo común, sin puntos de contacto con los discursos poéticos hegemónicos.

Los adjetivos valorativos son muchos; en cualquier caso, si se lo enfrenta a los riesgos por los que debe pasar, creo que tiene un mérito enorme haberlos sorteado con efectividad y una sensibilidad atenta a lo minúsculo que estamos destruyendo.

No me extraña que te haya conmovido el primer poema: es una de las mejores poéticas que conozco. También a mí me ha parecido excelente, además de conmoverme. Sólo desde esa mirada poética puede uno hundirse hasta el dolor de primera vez y llegar a ese suelo común en el que puede hablarse de "karuna".

Gracias por pasarte Yaiza.

Un fuerte abrazo,

Arturo

María Socorro Luis dijo...

Conocía algún poema de Laura - "primera vez" me impactó de lleno y me dejó la inquietud del "más"-

Poemas obligados, obligatorios, para los que desearíamos plasmar en poemas, todo el desgarro que llevamos dentro.

Felicidades. Soco

Arturo Borra dijo...

Querida Soco, siento mi respuesta con retraso. Aún así, no quería dejar de agradecerte tu paso por aquí y tu huella con respecto a la poesía de Laura.
Lo cierto es que "primera vez" es un poema escalofriante. Su economía lingüística, su elipsis, dice mucho con poco y eso es un gran mérito poético.
Gracias otra vez y un fuerte abrazo,
ARturo

Laura Giordani dijo...

Queridos Arturo, Jorge, Víktor, Stalker, Lola, Leonardo, Mariel, Yaiza, Soco... gracias por sus comentarios y su generosidad. Sobre todo, gracias por estar ahí, dando alojo a estos intentos de poesía.

Las reseñas de Mariel y Leonardo son dos tesoros que me guardo junto al pecho y el recuerdo de stalker abriendo Marienbad a mi poesía hace tiempo cuando no había libro ni nada y la confianza de Víktor y sus caudales de amistad y el aliento sin tregua de Arturo... todo eso atesoro.

Es lo único que nos llevamos finalmente.

Un abrazo muy fuerte,
Laura.

Portinari dijo...

Laura, leo de tus palabras "es lo único que ns llevamos finalmente", y me imagino cómo es ser árbol para abrazar(te); me estremezco, me estremezco y acaricio tus poemas desde aquí, porque tengo que agradecer tus manos, para que recojan los cuerpecillos que caen, y les dan aliento.

No puedo decir más, salvo acariciar tus manos y recoger contigo aquel cuerpo que caiga, y acariciar también las palabras sanas de Mariel y Leonardo, como no podían ser, sino, de este maravilloso modo...

Arturo Borra dijo...

Querida Portinari, qué alegría tenerte por aquí... con tu calor de siempre, ese estremecimiento que compartís, esas caricias a las manos de Laura, a las palabras sanadoras de Mariel y Leonardo, al árbol ese que se incendia.
Gracias por asomar, como un topo, por estas tierras.
Va un abrazo enorme,
otro topo

Laura Giordani dijo...

Querida portinari... tampoco puedo añadir mucho más a la calidez de tus palabras: sólo agradecer y abrazarte muy fuerte. Gracias por estar ahí con tu sensibilidad preciosa.

Un abrazo fuerte, fuerte.

Laura.