viernes, 14 de mayo de 2010

«Walled horizonts» (horizontes amurallados), narrado por Roger Watters



Si hoy una de las amenazas más graves que atraviesa nuestro mundo histórico es el retorno del fascismo, habrá que recordar que la única forma de combatirlo es destituyéndolo, en primer lugar, de nuestros corazones.

El miedo, construyendo horizontes amurallados, contribuye a crear lo que más teme. La segregación y eventual exterminio de los otros no es un destino inexorable, sino la consecuencia más funesta de específicas políticas de estado, ciegas incluso a las demandas de paz de una parte significativa de sus pueblos.

Tomar los recaudos suficientes para no confundir esas políticas con deseos de toda una colectividad -confusión que suele disparar los estereotipos más peligrosos y promover los mismos antagonismos que constituyen el problema- no debería llamarnos al silencio, sino a una crítica selectiva y necesaria. Así lo hace este documental dirigido por Johan Eriksson y narrado por Roger Watters.
A.B.










Roger Watters en Israel

16 comentarios:

Leonardo dijo...

Complejo problema del conflicto israelo-palestino que nunca, en toda mi vida, ha dejado de estar presente en los titulares de las informaciones, y que, por ello, parece no tener fin (estoy seguro de morir sin que haya desaparecido).
Los muros son una 'solución' cada vez más de moda en un mundo que alaba todos los individualismos y los egoísmos. Más vale no vernos, no dirigirnos la palabra, cada quien a lo suyo. Hasta que alguno de los dos se diluya, se vaya, se esfume del paisaje. Los muros son una 'solución' inhumana pensada por los hombres para resolver sus conflictos. A Israel nunca le han faltado ideas en ese terreno. Y ha mostrado, por su desobediencia a todas las leyes, tratados y vetos y prohibiciones internacionales un ejemplo para otros países, revelando, de paso, cierta hipocresía con la que juega Occidente.
Lo interesante de reportajes como éste es ver la situación concreta de las personas afectadas por el muro y el pensamiento de quienes toman este tipo de decisiones. Terrible.
Vaya, pues, un abrazo sin muros.

Arturo Borra dijo...

Claro que sí,Leonardo, problema de gran complejidad, con aristas históricas y políticas muy enrevesadas. Esa complejidad debería llamarnos a posicionamientos menos facilistas, pero aún así, nada nos exime de tener que hacerlos. Conflicto interminable… quizás, pero sólo en la medida en que no haya una implicación internacional creíble y firme. Algo que brilla por su ausencia, por la tibieza de las peticiones que se le formulan a Israel y por las exigencias humillantes que se le imponen a Palestina para emprender un proceso de paz interrumpido mil veces de forma unilateral. Eso tampoco debería hacernos olvidar las milicias de Hamas (en sus tentativas tan desesperadas como peligrosas), de ningún modo, pero la desproporcionalidad es evidente, y aquí no me refiero sólo a la política militar israelí absolutamente opresiva sino también a la apelación inmoral al crimen selectivo de los líderes palestinos, al bloqueo económico que lleva a la inanición de una población entera y, finalmente, al confinamiento de millones de humanos a campos de refugiados donde la vida se parece cada vez más a la muerte.
En cualquier caso, duele aún más cuando esas intervenciones se hacen en nombre de un pueblo que ha padecido durante siglos la persecución y la segregación étnico-religiosa, forzado a un peregrinaje doloroso, por no hablar de la calamidad del S.XX. Duele que las autoridades que se arrogan su representación cometan en su nombre tantos atropellos que violan la normativa internacional, entre los que cuenta ese interminable muro de la vergüenza, producto del miedo (entre otros factores). De hecho, muchos intelectuales judíos –entre otros- cuestionan esta política amurallada que consolida aquello que teme. (El último caso es el de Chomsky, a quien se le denegó el ingreso a Israel).
La solución de los muros, como decís, es inhumana: no puede impedir que el odio lo traspase, que se caven túneles y retorne lo reprimido en su peor forma: la inmolación, el estallido autodestructivo, que circularmente –en una espiral terrible- activa más todavía la beligerancia.
No se trata de caer en maniqueísmos morales sino de asumir que las relaciones de poder son radicalmente asimétricas y “Occidente” debería hacer algo para equilibrar esta situación, como condición previa a un proceso de paz sostenible. A nuestro pesar, tanto Europa como EEUU más bien muestran una complicidad ante estas injusticias. Tendremos que seguir buscando, y R.W. ayuda a meterse en la problemática. Y, como decía Víctor Jara, habrá que aprender “a desalambrar”…, a sostener una crítica que no erija ella misma nuevos muros. Sé que es un tema incómodo pero implicarse no debería darnos miedo.
Va un abrazo enorme,
Arturo

Perfecto dijo...

En el iris de la bestia, se olvidó la victima que fué ayer.
Nadie debería de quedarse al margen de este conflicto. Los propios palestinos lo han dicho mas de una vez: pueblos del mundo ¿donde estaís?

Un cordial saludo.

Leonardo dijo...

Pensando en esto de los muros, y que los hay de todas formas, hoy escuchaba la situación de la lengua serbocroata, idioma que antes de la guerra se hablaba en todos estos países y que ahora resulta que los serbios hablan serbio, los croatas croata y los montenegrinos montenegrino, y estos últimos están haciendo una reforma de la ortografía para que el serbocroata que no han dejado de hablar se parezca lo más posible al montenegrino o, lo que sería menos hipócrita, que su 'idioma' se parezca lo menos posible al del vecino, así sea exactamente lo mismo. Siempre poniendo 'another brick in the wall'.
Bueno, amistades,
Leonardo

Arturo Borra dijo...

Perfecto, estoy de acuerdo con vos y bienvenido a este espacio.

Lástima que en este conflicto que margina, muchos se mantienen al margen, quizás por temer a ser tachados o caer bajo el estigma de la acusación.

Me quedo con tu pregunta "Una vez más: pueblos del mundo ¿donde estaís?"

Va un cálido saludo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Comparto lo que decís Leonardo: también las lenguas pueden ser muros. O mejor: ciertas políticas de la lengua, que construyen fronteras falsas donde no las hay. Sin irse más lejos, la disputa entre valencia/ catalá es una polémica instaurada en vistas a un uso partidista de las diferencias entre comunidades y el ensalzamiento de una rivalidad que sólo se explica en términos electorales. Lo que contás de la lengua serbocroata me parece penoso: en vez de usar la lengua como puente, se ha convertido en muro. No conocía esa situación, pero no tengo dudas: la división se construye a partir del lenguaje. Todo empieza ahí, y termina recayendo en los cuerpos. Tal es la materialidad del lenguaje.
Va otro abrazo,
Arturo

Leonardo dijo...

Te voy a contar una anécdota. Un amigo, cuya casa compartía una entrada común con la de su vecino, estuvo a punto de entrematarse (literalmente) con èl por diez mil problemas de esos que surgen en estos casos de condominio, hasta que construyó un muro que separó en dos el terreno, bloqueó las vistas, y fue santo remedio. Todos los líos y disputas desaparecieron e, incluso, con el tiempo el complicadisimo vecino ha vuelto a saludarle. Es una historia que me ha dado mucho qué pensar. Ahora, eso no significa que sea partidario de los muros pero creo que llega un día en que los hombres (los herederos de quienes construyeron estos muros)acaban echándolos abajo, intentando renovar con el camino común. Pero claro, un muro como éste de Cisjordania en que el objetivo va más allá, pues ademàs de robarle las pocas tierras a los campesinos palestinos, hace imposible la continuidad territorial de un futuro estado Palestino, es un muro de la ignominia.
Gracias por tu visita a Tajalápiz.
Un abrazo
PD. Y me uno a la pregunta de Perfecto.

Laura Giordani dijo...

Más allá de la especificidad del muro erigido en tierras palestinas me pregunto por el sentido de los muros. En algunos casos muros tangibles: de cemento, piedra, alambre, como el muro de Berlín (allí, con motivo de la caída del muro, Roger Waters dio un concierto extraordinario) o las vallas de Ceuta-Melilla y en otros casos –y esos son los muros que más me aterran pues operan con máxima eficacia desde su invisibilidad- paredes no encarnadas físicamente pero cuya radiación está a plena potencia porque hunden sus cimientos en el corazón de las personas. Nos escandaliza la visión de un muro porque escenifica de una manera brutal, casi burda, nuestro miedo, toma cuerpo esa enfermedad de nuestra especie de creernos separados de los otros. Pero me pregunto: ¿Acaso las fronteras entre países que todos hemos calcado alguna vez en un mapa escolar no son escandalosas vistas en perspectiva? ¿No están descuartizando de alguna manera la superficie común?

Al menos, a los muros físicos podemos tocarlos, apedrearlos y eventualmente con el tiempo, derribarlos. Pero esas murallas que cada una vamos levantando en nuestras interacciones donde el otro es un enemigo, un potencial suicida que puede hacer estallar nuestras certezas tan bien cultivadas. Si pudiésemos tener una visión clarividente de estos muros energéticos, no podríamos seguir viviendo, aquí la ceguera es misericordia realmente.¿Quién se atreve a alzar una cartografía humana de ese tipo.?

Lo de Israel es una vergüenza y duele pensar en las vidas seccionadas por la violencia de los bloques: olivares naufragados, niños que no pueden ir al colegio.
Muy buen entrada, Arturo.

Gracias por traerla

Besos

Laura.

MBI dijo...

Intereses creados...
convierten el clima en un nido de víboras...
demasiados reproches pendientes, demasiado odio reciente...
Poner distancia...
tiempo y cordura...

MBI dijo...

Un café para dos, servido por un líder humilde e inteligente, capaz de renunciar a los intereses del poder. Y dos pueblos hartos, de vivir en discordia, generando odio, esa confluencia traerá el acuerdo...
Me habré muerto.

Arturo Borra dijo...

Leonardo, amigo, me gusta tu anécdota. Ilustra cómo una solución individual y una colectiva no tienen por qué ser coincidentes. De forma excepcional, podría dar una respuesta operativa, como en el caso de tu vecino. Cuando lo que está en juego es la intimidad, hay un derecho a protegerla. Lo que vale, sin embargo para la intimidad no puede trasladarse sin más a una política territorial y militar. No sólo se trata de usurpación de tierras; se trata de una violación a los derechos humanos y, en definitiva, del fracaso de la convivencia. “Muro de la ignominia”, como decís.
Va otro abrazo agradecido,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Laura, tocás el punto más álgido. No sólo (aunque también) el muro de Israel; los muros, en plural. Los muros tangibles e intangibles. Las murallas invisibles, como intenté alguna vez torpemente nombrarlas. Sus materiales son diversos. Pero comparto con vos que los más aterradores, los más peligrosos, son aquellos que no percibimos, en más de una ocasión a fuerza de naturalizarlos, de hacerlos cosa obvia.
El muro visible escandaliza quizás porque hace explícito lo que, de todas formas, opera en todos nosotros de forma implícita. Europa está erigiendo muros por todas partes. Ni qué decir de EEUU y en general, de nuestro mundo social. Sólo desde la extrañeza podemos reconocerlos más allá de la visibilidad: y cavar túneles y procurar derrumbarlos, aunque más no sea abrir boquetes para permitir el paso.
Detrás, seguramente el miedo, ese que radicalizado puede conducir a la paranoia más desenfrenada. Entonces, en nombre de una política de seguridad, vallados por donde sea. Separación de unos cuerpos de otros, tabiques para la circulación humana. Lo más notable: el fracaso estrepitoso de esta política; la impotencia ante las estrategias micrológicas y móviles que burlan los dispositivos más sofisticados de control.
Algo más: el ensalzamiento del miedo es buen negocio. Hay una industria del miedo. Y la respuesta mercantil es clara: el consumo te tranquilizará. El incremento de los arsenales militares, el desarrollo de empresas de seguridad, la venta de armas indiscriminada, la protección personal, etc., etc., son parte de esa política del miedo que promete seguridad para quien puede y terror para los demás. El efecto es perverso: nunca se está suficientemente seguro y por tanto la rueda del consumo está garantizada.

Los mapas territoriales son, tal como planteás, una forma de naturalizar (a pesar de su condición histórica) las divisiones institucionalizadas por los Estados-nación modernos, aunque desde luego, esas fronteras móviles han existido desde la antigüedad.
Aunque no estoy seguro de que el cosmopolitismo vaya a suprimir esas fronteras entre “nosotros” y “ellos”, me pregunto qué ha ocurrido con los sueños de fraternidad humana.
Sin ir más lejos, hasta en el campo poético hay muros por todas partes. El “yo” es con frecuencia un muro. Apenas se conmueve por el otro. Y el otro apenas se conmueve con el dolor propio. No es para generalizar, pero hoy existe una multitud de egocentrismos movidos por una pasión común: construir muros para delimitar nombres, carreras poéticas, feudos que permitan gobernar.
El otro vivido como enemigo/amenaza da lugar a una sociedad fractura por murallas invisibles. El sueño mecanicista donde unas partes no son afectadas por las otras. Countries privados al lado de una villa miseria, países ricos pegados a territorios donde sólo abunda la miseria. La desigualdad del mundo pretende sostenerse con la política del muro; habrá que hacerlos estallar, si es que tenemos alguna aspiración de cambiarnos a nosotros mismos.
Gracias por tu precioso comentario.
Otro beso,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Ojalá MBI que nos equivoquemos y veamos al fin una solución duradera y justa a ese conflicto. Intereses creados, odios recurrentes, hipocresía internacional... muchos factores en juego y de gran complejidad.
Ese café faltará por mucho tiempo; y es improbable que los poderosos renuncien a sus privilegios...
En cualquier caso, seguiremos luchando por esa improbabilidad.
Gracias por pasarte y un cálido saludo,
Arturo

Anónimo dijo...

Véase quiénes son estos ilegitimadores, según el Reut: los que censuran al gobierno israelí porque no cumple con el derecho internacional y evita que sus líderes políticos y militares sean sometidos a la justicia universal; los que califican de agresión, crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad los ataques militares que Israel llevó a cabo contra los palestinos y países vecinos como el Líbano; los que tildan de “ilegales e inmorales” las asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados; los que encuentran similitudes entre el sistema israelí y el régimen de apartheid; los que exigen que se ponga fin a la discriminación de los árabes israelíes; los que declaran que el bloqueo de Gaza es un castigo colectivo ilegal, y aun otros.

En el párrafo 108 del documento se afirma que toda retirada israelí de alguno de los territorios palestinos ocupados (desde hace 43 años) entregará una plataforma para actividades militares hostiles a Tel Aviv. Lo que llama la atención es que esta arremetida contra la presunta ilegitimidad de los otros no menciona las incontables resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de las Naciones que establecen la ilegalidad y la ilegitimidad de la ocupación israelí de territorios palestinos y de Siria, resoluciones que Israel incumple sistemáticamente. Para no hablar de la cuarta Convención de Ginebra y de los tratados internacionales que prohíben la tortura y los tratos crueles y degradantes a la población civil.

En el párrafo 124 se recomienda “atacar”, “sabotear”, “hacer pagar un precio a los que atacan a Israel” en el exterior y montar “una contraofensiva” destinada a los ilegitimadores. Como defensa de la libertad de expresión es impecable. Y mejor abstenerse de criticar cualquier guerra, cualquier delito de lesa humanidad del gobierno de Tel Aviv. Quien lo haga busca “convertir a Israel en un estado paria socavando su legitimidad moral y aspira, en última instancia, a eliminar la ‘entidad sionista’”. Sic.

J.G.

Anónimo dijo...

“Prohibido y ya”- Por Juan Gelman (http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-146401-2010-05-27.html)

Dentro de Israel y fuera de Israel. Dentro: los artículos de un proyecto de ley presentado a fines de abril en la Knesset, o Parlamento israelí, establecen la clausura o la imposibilidad de registro de las ONG locales “sospechosas de proporcionar información o estar involucradas en procesos contra oficiales o comandantes por violaciones del derecho humanitario internacional o por crímenes de guerra” (www.jnews.org.uk, 29410). Es la segunda ley que, con esos fines, se discute en la Knesset. El grupo ultranacionalista Im Tirtzu –Segunda Revolución Sionista–, por su parte, ha desatado una campaña contra estas ONG porque pretenden que esos crímenes sean juzgados fuera de Israel, ya que sus tribunales no procesan a los culpables. Otra muestra de la democracia israelí.

Fuera de Israel: The New York Times informa que el primer ministro Benjamín Netanyahu calificó “la ilegitimación de Israel en el exterior” de “amenaza estratégica fundamental” (www.nytimes.com, 5-4-10). El artículo cita las expresiones de un asesor directo del premier sobre las organizaciones de derechos humanos internacionales que, como Human Rights Watch, critican las políticas de Tel Aviv: el gobierno israelí –dijo– “dedicará tiempo y personal a combatir a esos grupos”.

Un atisbo de cómo se puede percibir en el documento titulado Building a Political Firewall Against Israeli Deslegitimization que el think tank israelí del Instituo Reit elaboró luego de un año de investigaciones con la participación de 100 expertos de Israel, EE.UU. y Gran Bretaña (www.reitinstitute.org, 27-4-10). En la web del organismo se definen sus propósitos: “Reut es un grupo político innovador que brinda apoyo estratégico a los líderes y decisores israelíes. No tiene fines de lucro, se radica en Tel Aviv, y son gratuitos los servicios que presta a personas con liderazgo, autoridad e influencia en los asuntos públicos de Israel”. Una síntesis del documento citado se presentó en una reunión del gabinete israelí con el título de “El desafío que la ilegitimación entraña para la seguridad nacional de Israel”.

Reut muestra preocupación por “la dura crítica global que ha padecido Israel” el año pasado en razón del informe Goldstone, preparado para las Naciones Unidas, que investigó la llamada “operación plomo fundido”, es decir, la acción armada israelí en buena parte realizada contra la población civil de Gaza y su infraestructura. No es que la critique, sólo comprueba, y señala que la crisis ilegitimadora “perjudica” la libertad de Israel para lanzar “duros” ataques militares de esa índole. Subraya la importancia crucial de que el gobierno israelí supere dicha crisis para recuperar su ilimitada facultad de actuar militarmente.

El documento divide en dos “las redes” que hostigan a Israel: la primera es la de la resistencia, que comprende a Irán, Hezbolá, Hamas, fracciones palestinas e islamitas, los terroristas, en suma. La segunda opera en la arena internacional “para negar a Israel el derecho a existir e incluye a individuos y organizaciones occidentales que la izquierda radical cataliza”.

(sigue)

Anónimo dijo...

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