lunes, 16 de marzo de 2009

Lamento de Ariadna – Fiedrich Nietzsche


Quizás la mejor poesía de Nietzsche no esté en sus poemas explícitos, sino en sus escritos filosóficos, empezando por Así habló Zaratrustra, tan profundo como bello. La dimensión poética se halla sin dificultad en toda la producción intelectual de este filósofo-artista, como Dionisios, aunque se conozca muy poco su obra propiamente poemática. Quizás por eso Nietzsche puede convertirse en ese dios de la embriaguez que habla de su amada Ariadna como si fuera él mismo.
La transmutación de su identidad es parte de ese baile de máscaras que tanto lo sedujo como posibilidad misma de la desnudez. Cierto que hay una filosofía no poética y una poesía no filosófica. A riesgo de confundirme irremediablemente, confieso que sólo cuando los poemas tienen esa modulación propia de la auto-reflexividad siento que la escritura acaricia lo real, aproximándose ya no sólo al abismo del ser, sino como decía Castoriadis, al ser como abismo. A pesar de un cierto tono declamatorio, lo que irrumpe aquí quizás no sea más que la gestualidad del dolor –dolor indesterrable del laberinto- y es ese dolor, más que la sabiduría, lo que nos acerca a ese núcleo insondable que llamamos Nietzsche.
A.B.



















¿Quién me calienta, quién me ama todavía?
¡Dadme manos ardientes!
¡dadme un brasero para el corazón!
Tendida en la tierra, estremeciéndome,
como una medio muerta a quien se le calienta los pies,
agitada, ay, por fiebres desconocidas,
temblando ante glaciales flechas agudas de escalofrío,
cazada por ti, ¡pensamiento!
¡Innombrable! ¡Encubierto! ¡Aterrador!
¿Tú, cazador entre las nubes!
¡Fulminada a tierra por ti,
ojo sarcástico que me mira desde lo oscuro!
Así yazgo,
me doblo, me retuerzo, atormentada
por todos los martirios eternos,
herida,
por ti, el más cruel cazador,
tu desconocido, dios...

¡Hiere más hondo!
¡Hiere de nuevo!
¡Pica, repica en este corazón!
¿A que viene este martirio
con flechas de dientes romos?
¿Qué miras otra vez
sin cansarte del tormento humano
con malévolos ojos de rayos divinos?
¿No quieres matar,
sólo martirizar, martirizar?
¡Para qué martirizarme a mí,
malévolo dios desconocido?

¡Ah, ah!
¿Te acercas sinuoso
en semejante medianoche?...
¿Qué quieres?
¡Habla!
Me estrechas, me oprimes,
¡ah, ya demasiado cerca!
Me oyes respirar,
acechas mi corazón,
¡celoso!
-¿pero celoso de que?-
¡Fuera, fuera!
¿para qué la escala?
¿quieres subir
adentro, hasta el corazón,
subir hasta mis más
secretos pensamientos?
¡Impúdico! ¡Desconocido! ¡Ladrón!
¿Qué quieres sacar robando?
¿Qué quieres sacar escuchando?
¿Qué quieres sacar atormentando?
¡tú, atormentador!
¡tú, dios verdugo!
¿O como el perro debo
refregarme contra el suelo ante ti?
¿Sumisa, embelesada fuera de mí
menear la cola por amor?
¡Es inútil!
¡Punza otra vez,
aguijón el más cruel!
No soy tu perro, sólo tu presa,
¡cazador el más cruel!
tu más orgullosa prisionera,
bandido tras las nubes...
¡Habla al fin!
¡Tú, encubierto con el rayo! ¡Desconocido! ¡habla!
¿Qué quieres, salteador, de mi?...


















¿Cómo?
¿Un rescate?
¿Qué quieres de rescate?
Pide mucho, ¡lo aconseja mi orgullo!
Y habla poco, ¡lo aconseja mi orgullo!

¡Ah, ah!
¿a mí es a quien quieres? ¿a mí?
¿a mí entera?...
¡Ah, ah!
¿Y me martirizas? ¡Loco que eres un loco!
¿Requetemartirizas mi orgullo?
Dame amor, ¿quién me calienta todavía?
¿quién me ama todavía?
dame manos ardientes,
dame un brasero para el corazón,
dame, a la más solitaria,
a la que el hielo, ¡ay!, siete capas de hielo
enseñan a añorar enemigos,
da, sí, entrega,
enemigo el más cruel,
dame ¡a ti!..

¡Se acabó!
Entonces huyo él,
mi único compañero,
mi gran enemigo
¡mi dios verdugo!...
¡No!
¡vuelve!
¡Con todos tus martirios!
Todo el curso de mis lágrimas
discurre hacia ti,
y la última llama de mi corazón
para ti se enardece.
¡Oh, vuelve,
mi dios desconocido! ¡mi dolor!
¡mi última felicidad!...

Un rayo. Dionisyos aparece con esmeraldina belleza.

Dionysos:
Sé juiciosa, Ariadna...
Tienes oreja pequeñas, tienes mis orejas:
¡mete en ellas una palabra juiciosa!
¿No hay que odiarse primero, si se ha de amarse?...
Yo soy tu laberinto...


13 comentarios:

Portinari prerrafaelita dijo...

Y es que de lo que Ariadna se queja es de aquello capaz de hacer perder el último ápice de honor que la soledad ofrece, amando a los enemigos, postergando su propio juicio al recóndito lugar de lo inexplicable. Situación de mujer abandonada, casada quizás a regañadientes con aquél de esencia incalculable. Dormida en un lugar encontró su destino, y en otro, brilló en el cielo donde nadie podía verla.
Las diferentes versiones de nuestra Ariadna.
Un saludo desde mi pequeño espacio, que tengo el gusto de encontrar entre tus sitios de interés.

Laura Giordani dijo...

Querido Arturo:

Cuántas entradas interesantes encuentro en tu casita...Un gusto leer estos versos por aquí.

Hace ya bastante leí este Lamento de Ariadna en Los ditirambos de Dionisos. Acuerdo con vos que hay un tono exclamatorio en estos versos, tono que -en una perspectiva temporal- puede generarnos cierta distancia estética- cada verso es una súplica, que parece proceder del más intenso lirismo antes que de una embriaguez orgiástica. Más que una mujer concreta (muchos intentaron relacionar la enigmática Ariadna de Nietzsche con Cósima Wagner, la mujer del músico de quien el filósofo terminó alejado por el cristianismo del primero) personalmente, creo que la Ariadna de Nietzsche excede ampliamente la figura de Cósima o de cualquier mujer encarnada.

Aquí –como señalas- Nietzsche adopta una voz femenina, receptiva, así es invocado Dionisos, con un lamento femenino.
Lamento que no tiene que ver – a mi modo de entender- con el arquetipo de la mujer que espera al “amado” en pasividad: es un grito desgarrador, una súplica que se torna casi blasfemia. Me recuerda a los textos de Jeremías del viejo testamento o los de Cristo en el huerto del Getsemaní.

No es casual que estos ditirambos hayan sido escritos en el año 1988. Para mí marcan una inflexión, un momento vital bisagra que abrirá las puertas a los posteriores “El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa con un martillo” de 1889 ( recuerdo Arturo tu intenso poema que acaba con el verso “ Poesía: dame el martillo que no tengo de Las murallas invisibles) y el Anticristo.

La verdad conduce al laberinto y a la amenaza del minotauro: pero el filósofo (y el poeta) persiguen una meta diferente: “Un hombre laberíntico jamás busca la verdad, sino tan sólo a su Ariadna: eso nos diría” (12, 259).
La búsqueda de la verdad pugna por llegar a” lo otro” de ella: Ariadna en tanto “respuesta a la soledad del sol en su luz”; soledad meridiana como la lucidez total, como la locura; Ariadna como ayuda en el laberinto de la verdad: hilo luminoso tendido; Ariadna como laberinto; Ariadna por quien Dionisos se hace laberinto, constituyen posiciones en las cuales ella, en cuanto símbolo, sigue siendo enigmática. Ariadna abismo.

No hay que odiarse primero, si se ha de amarse?...
Yo soy tu laberinto...

Creo que me extendí bastante, pero es un tema apasionante. Gracias por hacer refulgir así esta tarde.

Un abrazo grande,

Laura.

Arturo Borra dijo...

Portinari, dejas una reflexión que da para mucho. Nietzsche, el "loco viviente" ama a sus enemigos: en el fondo, dice el filósofo a sus enemigos, no hay enemigos, porque su diferencia nos constituye. No sería sin ellos. Y de Ariadna hay mucha densidad detrás: hermana de Fedra, abandonada dormida en la playa, la amada de Dionisio, la que ayudó a Teseo en su odisea.
Hermosas y tristes historias se ciñen sobre estas figuras. Como la historia misma de Nietzsche, en su verdad insoportable.
Muchas gracias por tu comentario.
Va un abrazo,
Arturo

PD: cada tanto visito tu espacio, aunque todavía no he podido detenerme.

Arturo Borra dijo...

Querida Laura, cuánto acompañás este espacio y cuánto lo agradezco, con alegría y entusiasmo.
Te sé lectora asidua de Nietzsche: es una pasión que compartimos y también te sé amante de las mitologías griegas (otra pasión compartida). Desde esos encuentros, es cierto que no todo en Nietzsche es defendible ni mucho menos. Su dimensión política es cuando menos ambivalente, por momentos rabioso individualismo, sin perjuicio de un aristocratismo nada democrático. Aún así, su obra es un pozo de verdad.
Tampoco yo pienso este lamento tenga traducción término a término a una situación biográfica, aunque seguro que algunos paralelismos se pueden trazar.
Este lamento tiene algo del propio laberinto que Nietzsche construyó como su morada. A pesar del machismo que muestran ciertos pasajes de su filosofía, también aquí se puede reconocer algo más: una voz femenina que clama ante la aporía, la imposibilidad de salirse de su círculo, de trascender la verdad como laberinto insoportable (a pesar del mito épico de Teseo y los hilos salvíficos de Ariadna). ¿Cuánta verdad es capaz de soportar un espíritu?" se preguntó en alguna ocasión N. y él mismo sucumbió a aquella.
Y captás bien ese martillo que yo retomo. Si hay que filosofar a martillazos, también hay que poetizar con el martillo. Porque lo real apenas resiste la crítica y porque las murallas siguen intactas.
En fin, tu comentario es más que un comentario. Es un pequeño ensayo; una lectura bella del poema que crece con miradas perspicaces así.
Soy consciente de la dificultad de meterse en estas entradas; tanto más agradezco la inmersión.

Gracias y otro abrazo grande,

Arturo

Anónimo dijo...

acaso no lo sepan, pero Ariadna es una puta sin posibilidad de recuperacion, y lo es por causa de su amante y por causa de su amor.

Es el abismo del alma femenina.

Arturo Borra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Arturo Borra dijo...

Anónimo, no sé si tiene sentido sostener que una diosa puede ser también una puta. Admitamos que así sea: no me parece nada escandaloso. En su sentido más noble, toda mujer que desea, todo ser deseante, lo es necesariamente. Sucede que nuestra sociedad represiva no admite de buena gana esa posibilidad de recuperar el deseo femenino sin alienarlo en algún modelo de beatitud o recato hipócrita.

En cualquier caso, es una hermosa (y desgarradora) historia la de Ariadna. Lo abismal, en cualquier caso, habita en todo sujeto, aunque para negarlo se aferre a subterfugios de los más diversos.

Un saludo,
Arturo

MiLa dijo...

Que hermoso poder encontrar este espacio...
Desde hace ya varios años tengo una suerte de fijación con el mito de Ariadna. Desde que apareció en mi conocimiento me ha conmovido de una manera tal, que nunca más me abandonó. Si existen las repeticiones y los retornos, yo siento el eco de Ariadna en mi.
El lamento deseante y blasfemo. No he leido a NIetzsche. Me gustaría que me recomendaran algunos titulos donde trate este mito.
Saludos y cariños a todos.
Incluso al que nos llama putas.

Arturo Borra dijo...

Hola Mila, bienvenida a este espacio entonces.
El mito de Ariadna es precioso y bastante triste. Es una historia de amor trágica y el tercero en discordia es Dionisio. También Fedra podría ser esa figura discordante. Hace unos años escribí unos cuentos al respecto y Nietzsche, pero también Hesíodo y más acá Borges me ayudaron a conocer mejor esas historias. En cualquier diccionario de mitología griega, podés encontrar material al respecto y también en "Teogonía" de Hesíodo. Igual, si se me ocurren otras referencias, te lo comentaré por aquí.
En cualquier caso, me alegra que también te conmuevan esas historias.
Va un saludo cálido para vos,
Arturo

Maria R. dijo...

Hola. Aclaro que no he profundizado mucho el tema, pero me gustaría entender mas el concepto de las orejas pequeñas... y las orejas grandes, por ende... Gracias. Muy interesante me resulta este sitio. María R.

Arturo Borra dijo...

Hola María, siento haber tardado unos días en responder. Antes que nada, bienvenida por aquí.

Aunque he sido asiduo lector de Nietzsche, no tengo presente ahora que el tema de las "orejas" sea algo más que una metáfora para referirse a la escucha atenta.

Dudo que sea un concepto central en este filósofo, y seguramente el tamaño tenga que ver, precisamente, con el grado en que hemos desarrollado esa facultad de escuchar al otro. En esa facultad, también, reside la promesa de amistad.

Como sea, gracias por pasarte y por tus comentarios.

Un saludo,

Arturo

Maria R. dijo...

Hola. Muchas gracias por tu respuesta... lo que pasa es que lo vi tambien cuando en Conversación con los reyes. Así habló Zarathustra "EStoy encantando, y en verdad me vienen ganas de hacer unos versos sobre esto, aunque sean unos versos no aptos para los oídos de todos. Hace mucho tiempo que he olvidado tener consideraciones con orejas largas.¡bien! ¡adelante!... y también lo refiere en otros textos... cuando habla de ser el antiasno... ser un antiasno es transformar la bildung, es negarse a las orejas largas, desensibilizadas, hipertrofiadas... Será como dice Ferraz F. Hay que ser lo suficientemente superficiales para ser profundos y tener los oídos lo suficientemente pequeños para escuhar los matices. Todos, de alguna manera somos asnos, cultivar orejas pequeñas es la tarea -
Perdón por intrometerme con esto, que quizas quede descolgado... Gracias Maria

Anónimo dijo...

Hola!queridos lectores quería decir una pequeña silueta de palabras Ariadna es una mujer que se conformo siempre fiel a dionisos y como dice el poeta Nietzsche creo que siempre penso en que ella era su Ariadna y siempre estaria ahi en formas malas y buenas pero lo unico que se esque Ariadna es el motivo de reencarnación...