martes, 25 de noviembre de 2008

«La muerte, el amor, la vida...» - Paul Eluard





















Creí que me rompería lo inmenso lo profundo.
Con mi pena desnuda, sin contacto, sin eco,
me tendí en mi prisión de puertas vírgenes
como un muerto sensato que había sabido morir.
Un muerto coronado sólo de su nada ...
Me tendí sobre las olas absurdas del verano
absorbido por amor a la ceniza.
La soledad me pareció más viva que la sangre.

Quería desunir la vida,
quería compartir la muerte con la muerte,
entregar mi corazón vacío a la vida
borrarlo todo, que no hubiera ni vidrio ni vaho...
Nada delante, nada detrás, nada entero.
Había eliminado el hielo de las manos juntas,
había eliminado la osamenta invernal
del voto de vivir que se anula.
Tú viniste y se reanimó el fuego,
cedió la sombra el frío,
aquí abajo se llenó de estrellas
y se cubrió la tierra.
De tu carne clara me sentí ligero...
Viniste, la soledad fue vencida,
tuve una guía sobre la tierra y supe
dirigirme, me sabía sin medida,
adelantaba ganaba tierra y espacio

Iba sin fin hacia la luz ...
La vida tenía un cuerpo, la esperanza tendía sus velas
promisoria de miradas confiadas para el alba.
De la noche surgía una cascada se sueños.

Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla.
El primer rocío humedecía tu boca
deslumbrando reposo remplazaba el cansancio.
Yo amaba el amor como en mis primeros días.

Los campos están labrados las fábricas resplandecen
y el trigo hace su nido en una enorme marea,
las mieses, la vendimia, tienen muchos testigos,
nada es singular ni simple,
el mar está en los ojos del cielo o de la noche,
el bosque da a los árboles seguridad
y los muros de las casas tienen una piel común,
los caminos siempre se encuentran.

Los hombres están hechos para entenderse
para comprenderse, para amarse,
tienen hijos que serán padres de los hombres,
tienen hijos sin fuego ni lugar
que inventarán de nuevo a los hombres,
y la naturaleza y su patria
la de todos los hombres
la de todos los tiempos.


----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
----------------
Paul Eluard. Seudónimo de Eugène Grindel, poeta francés nacido en Saint-Denis el 14 de diciembre de 1895. A la edad de dieciséis años suspendió estudios para recibir tratamiento durante dieciocho meses en un sanatorio suizo. En 1920, después de participar en la I Guerra Mundial, inició una fulgurante carrera literaria uniéndose a Breton, Soupault y Aragon, con quienes impulsó el movimiento surrealista, convirtiéndose en uno de sus más importantes figuras. En 1927, invitado por Salvador Dalí, viajó a Cadaqués junto a su esposa Helena Diakonova (Gala), quien luego lo abandonó para unirse al pintor. Durante la ocupación alemana en Francia, alejado del surrealismo y militando ya en el comunismo, se convirtió en uno de los escritores más relevantes de la resistencia. Entre sus obras más importantes merecen destacarse: Capital del dolor en 1926, La Inmaculada Concepción, escrito con Breton en 1930, Poesía y verdad en 1942, Lección de moral en 1950, y Los senderos y los caminos de la poesía en 1952. Falleció en Charenton-le-Pont en noviembre de 1952.

6 comentarios:

Ana María Espinosa dijo...

Magnífico Arturo, Paul Eluard. No he leído mucho de él, pero es fantástico.

Lola Torres Bañuls dijo...

Francamente no he leído nada de este autor. Es imperdonable de mi parte casi seguro, pero poco a poco voy llegando y lo tendré en mi agenda de lecturas.

Lo de Gala no lo sabía tampoco.

Gracias Arturo.

Arturo Borra dijo...

Hoy te agradezco por partida doble, Ana. En cuanto a Paul Eluard me parece un poeta más que interesante, aunque no todo me interpela por igual ni mucho menos. En todo caso, el surrealismo me parece una "aventura semiótica" que merece el viaje. Ya seguiré incluyendo otros poemas que remiten a ese horizonte.
Va un abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Hola Lola, no creo que sea "imperdonable" no leer a Eluard (o tantos otros). Abarcamos sólo una ínfima parte de lo creado, de la producción escrita en general.
Asumiendo esa incompletitud, lo que nos queda es la apertura, la voluntad de aprendizaje constante.
En fin, que hay que seguir leyendo, y así ad infinitum.
Gracias a vos por tu paso.
Un abrazo,
Arturo

Estel_Julià dijo...

Arturo,

Me ha gustado lo que has traido de Paul Eluard, un poeta no excesivamente conocido y que vino a mis manos hace poco más de un año, casi sucedió sin llamarlo ni buscarlo, sin embargo, tenía que venir en una edición bilingüe de Capital del Dolor de Visor (2006).
Supe de él curiosamente a raiz de visitar la casa de Dalí en Portlligat, allí me enteré de que la musa abandonó al poeta para inspirar a un pintor.

Qué curioso verdad??


Un abrazo,


Estel J.

Arturo Borra dijo...

Gracias Estel, me alegra saber que te ha gustado este poema de P.E. En verdad, pienso que habría que revisitar más a los surrealistas. Para mí, no sólo tienen interés estético sino también político, aunque desde luego, uno no pueda evitar las distancias (luego de varias décadas de doloroso aprendizaje).
Nada de ello niega, sin embargo, la dimensión íntima de los poetas, sus enredos, sus penas y la pérdida de lo amado.
En cualquier caso, gracias por revisitar estas páginas.
Un abrazo,
Arturo