viernes, 19 de septiembre de 2008

Dos poemas de Alejandra Pizarnik

Imposible no regresar a esas poéticas que en su abismo abren grietas en lo real. Una luz que nace de lo más profundo de la noche y aprende a sobrevivir en la tiniebla. En la rutilante desesperación del instante, sobreviven las huellas de una escritura caída.
A.B.



Tiempo

A Olga Orozco


Yo no sé de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.


Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.


Exilio

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en que vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.





De Las aventuras perdidas (1958).

6 comentarios:

Nuria dijo...

Sus letras tienen la misma intensidad que un disparo

Viktor Gómez dijo...

Es Pizarnik la imposible coartada, un ver la luz que cuelga de una soga de sombra, ver esa claridad que tiembla en un desacuerdo con la cordura y el ensimismamiento, un dolor que sube por la cima del universo y estalla en una sola y mínima parte dél: Alejandra se llamaba, Alejandra en las angélicas Pizarras de lo inviolable.

Un abrazo grande,

Tu Viktor

Arturo Borra dijo...

Hola Nuria, Alejandra Pizarnik tiene la intensidad de un disparo en los párpados, hiriéndonos con su desgarradura, su sombra indesterrable, su sensibilidad que denuncia la anestesia de tantas otras. Esa intensidad es la que nos deja conmovidos y nos interroga.
Gracias una vez más por dejar tus huellas aquí.
Va un abrazo,
Arturo

Arturo Borra dijo...

Imposible coartada… de eso se trata Víctor. De la imposibilidad de sustraer la luz de su soga de sombras, de la indisociabilidad (que no implica indistinción) de la “cordura” y la “locura”, polos en los que nos movemos cada día. Y el dolor enloquece en su extremo; el dolor estalla en la escritura y estremece a estos lectores que también somos ahí.
Como siempre Víktor, tenerte por aquí es un placer enorme. Gracias entonces por sumarte a esta imposible coartada.
Otro abrazo grande,
Arturo

Lola Torres Bañuls dijo...

Es genial. Leer a Alejandra siempre sus letras tienen esa fuerza entre dolor y nostalgía.
Me encanta Alejandra Pizarnik.

Gracias.

Arturo Borra dijo...

Hola Lola, compartimos ese interés profundo por una poeta de la talla de A. Pizarnik. A pesar de la brecha temporal, su poética tiene plena actualidad. Es lo que ocurre cuando la poesía es grande.
Dolor y nostalgia son el corazón misma de esta poeta.
Gracias a vos por sumarte a este pequeño habitáculo.
Un saludo cálido,
Arturo